domingo, 12 de octubre de 2014

Carta abierta a Antonio Gala

En su "Tronera" en el diario "El Mundo" Antonio Gala escribió ayer sobre el tema que está derramando ríos de tinta y tweets en nuestro país en los últimos días: el ébola.
No escribe desde el punto de vista científico sino que cuestiona la idoneidad o no de haber traído a dos misioneros contagiados de ébola a España.
No voy a repetir las palabras escritas por el Sr. Gala, si alguno tiene interés por ellas, que las lea en dicho diario.

Supone muy bien usted, Sr. Gala, que en España hay gente obligada a conocer el ébola. Yo no sé si hay muchos más, pero lo que si le puedo garantizar es que D. Manuel García Viejo y D. Miguel Pajares lo conocían muy de cerca desde hace bastante tiempo.
Desconozco su nivel de instrucción sobre esta materia para discutir sobre posibles tratamientos y poder discernir cual es el mejor o el peor. Lo que le garantizo es que con los medios de que ellos disponían en los países en los que se encontraban, entregaban su vida entera a los enfermos de ébola y otras muchas enfermedades, también contagiosas y letales en muchos casos.
Habla usted del cariño conque África recibe a sus visitantes. No solamente es África la que se encariña con los que la visitan. Estos hermanos misioneros, como tantísimos otros en el mundo entero, no sólo se encariñan de la gente de los lugares que visitan sino que por la fe y por pura Gracia de Dios pueden ver en el otro el rostro del mismo Cristo, el mismo al que un día le dijeron "Sí quiero" y esto no es una cuestión de "cariño" sino de AMOR, de gratuidad, de entrega total, de donación. Sé que son conceptos difíciles de entender, y también de explicar, en estos tiempos; pero es la VERDAD. Y esta Verdad no es otra que la vida de estos dos hombres, una vida arrebatada por el Amor, un Amor que les hizo salir de su tierra para entregarse a su Amado, y a este amado lo encontraron en el corazón de África, en personas que clamaban como el mismo Cristo en la cruz con el mismo grito: "Tengo sed". Y la vida de Manuel y de Miguel ha sido un surtidor que intentaba cada día apagar esa sed.
Cuestiona usted la necesidad de "traerles a morir" a España. De lo que se trataba no era de traer misioneros a morir a España, sino de intentar dar un tratamiento adecuado a su enfermedad para poder salvarles. No creo que ellos pensasen en ningún momento en sus propias vidas, sino en el tiempo que estaban lejos de sus enfermos sin poderles atender. Este es uno de sus errores y el de mucha gente, pensar que se les traía aquí a morir. No era este su deseo, sino curarse pronto para poder volver junto a su Gran Amor.
Con un comentario poco afortunado dice usted que "como su destino era el cielo, a ellos les daba igual". A ellos no les daba igual, precisamente porque su destino es el Cielo, del que, seguramente, ya están gozando en plenitud. No les daba igual porque su experiencia les había enseñado que allí sería imposible sobrevivir a la enfermedad y por eso pidieron ser atendidos en España, su país, con la esperanza de sobrevivir a la enfermedad y volver a su misión.
Ellos no son culpables de que no se les haya podido curar la enfermedad, ni de las negligencias cometidas, ni de los protocolos, ni de los trajes aislantes, ni de la longitud de los mismos, ni de la calidad o cantidad de guantes suministrados.
Puestos a buscar culpables, culpabilicemos al auténtico responsable de todo esto, que no es otro que San Juan de Dios. En él suscitó el Señor la vocación del servicio desinteresado a los enfermos y movido por este Espíritu fundó una orden religiosa que desde entonces hasta hoy se dedica por todo el mundo a dar la vida por los enfermos donde el mismo Dios disponga.
Este hecho de dar la vida gratuitamente, no significa -como usted deduce, Sr. Gala- que no valoren esta vida nuestra, sino todo lo contrario. Conocen el verdadero y auténtico valor de dicha vida nuestra y por eso están dispuestos a defenderla con la suya propia, como de hecho han demostrado.
Yo tampoco voy a decir nada, como usted, ni de los imbéciles ni de los mal preparados; pero de los sacerdotes, amantes de la Vida, sí quería decir algo. Espero que se me haya entendido.

Postdata: Vaya mi oración sincera por la pronta recuperación de Teresa y de todos los afectados junto con sus familias. Desde el Cielo, seguro que Miguel y Manuel interceden por ella porque la enfermedad ha podido con sus cuerpos, pero no les ha arrebatado la Vida.

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