lunes, 1 de abril de 2013

Langostinos y/o sopas de ajo

Hace bastante tiempo que no me pongo a escribir en mi blog y hoy, que he decidido hacerlo, me ha salido la vena culinaria y gastronómica.
Vaya por delante que tengo presente que la ironía escrita es muy difícil de entender e interpretar debidamente, aún así no me he podido resistir.
Seguramente habéis visto el anuncio televisivo del nuevo TOYOTA AURIS en el que un anciano líder amedrenta a las masas diciéndoles que tienen que tener una llama como mascota o conducir un ridículo utilitario. Hasta que entre la masa alguien hace una pregunta: ¿Por qué? Y esta pregunta lo cambia todo.
Reconozco que existen algunos locales muy exclusivos y especializados donde cocinan como nadie un plato concreto y que son la delicia de cuantos acuden a ellos. Recuerdo una curiosa anécdota que me ocurrió en uno de estos restaurantes al que acudí dispuesto a degustar el mejor lechazo asado de los alrededores. Ocupamos una mesa muy coqueta y una señora muy amable se acercó a tomarnos nota con una pregunta: ¿Con qué lo quieren? Nuestra respuesta fue un nuevo interrogante: ¿el qué? La señora nos explicó que en aquel lugar sólo se servía lechazo asado, con patatas fritas o con ensalada (de lechuga y cebolla), pan y buen vino. Ante esta explicación mi "santa" decidió que nos teníamos que ir a otro lugar porque a ella no le gusta el cordero. El local perdió dos clientes ese día y yo tuve que cambiar el mejor lechazo de la zona por otro que también estaba muy bueno y que nos sirvieron en el local de al lado en el que sí había otras viandas al gusto de mi "santa".
No creo que aquel local haya tenido que cerrar, ni mucho menos, porque a mi "santa" no le guste el cordero. Creo que sobrevive, a pesar de ello, y bastante bien. Debo añadir que el breve trato que tuvieron con nosotros fue excelente.
Pero hoy no quería hablar de cordero asado, aunque sea Pascua, sino de los langostinos y de las sopas de ajo. Aunque la anécdota anterior creo que está bien traída para introducir una conversación que he tenido hace poco.
Se me ha diagnosticado un extraño mal gastronómico: "Has dejado de comer langostinos para comer sopas de ajo". Y a esto se ha añadido una sentencia: "No creo que dures más de cinco años".
Y yo me he acordado de mi tío Eustaquio que es el hermano mayor de mi madre y que ya ha cumplido el siglo. Recuerdo que muchas noches en su cocina de leña preparaba su puchero en el que vertía un poco de agua sobre el sofrito de ajos, trozos de jamón y pan, añadiendo un poco de pimentón y luego escalfaba un huevo.

Esa era su cena de muchas noches: unas suculentas y sencillas sopas de ajo. Y no le ha ido nada mal, porque aún sobrevive al paso del tiempo.
A mis interlocutores en aquella conversación no les expliqué esto de mi tío.
No entiendo bien su obsesión por los langostinos. Es cierto que hemos compartido mantel durante muchos años, pero yo no he sido consciente de estar comiendo langostinos. Es más creo que alguno de los langostinos no era de la Bahía de Huelva, precisamente, porque estaba un poco blando y costaba quitarle la cáscara. Puede que por la mesa también hayan pasado gambas, incluso cigalas, o tal vez langostas, otras veces han sido pequeños camarones. Por ello no comprendo la obsesión por creer que todo lo que se sirve en esa mesa son langostinos.

Parece que a mis antiguos compañeros de mesa no les ha gustado que me haya levantado de la mesa y me haya dado una vuelta por el restaurante, que por cierto tiene una carta muy amplia y toda ella excelente, lo cual no me extraña porque el cocinero conoce el oficio desde la eternidad.
Hay platos que necesitan más de las buenas manos del cocinero que otros. Los langostinos dependen muchísimo de la materia prima. Sin embargo las sopas de ajo tienen algo más de elaboración y toque por parte de la cocina.
Al diagnosticarme un mal con un plazo fijo, a cinco años, les he pedido que no miren a tan largo plazo, sino que pidan al cocinero que me admita en su casa hoy, porque yo soy débil y no merezco entrar ni uno sólo de los días.
Espero que sigamos coincidiendo muchos días, con permiso del cocinero, en este restaurante, aunque nos sentemos en mesas distintas. Lo importante no es la mesa, sino degustar lo que el cocinero prepara. Y, cuando tengáis un rato, pedid la carta, de verdad que es variada y exquisita.

jueves, 31 de enero de 2013

La vida consagrada en el Año de la Fe.

Signo vivo de la presencia de Cristo resucitado en el mundo (Benedicto XVI. Porta Fidei, 15).


El día 2 de febrero es la fiesta de la Presentación del Señor en el Templo de Jerusalén (cf. Lc 2, 22-40), conmemoración litúrgica popularmente llamada la candelaria.  
Desde el año 1997, por iniciativa del beato Juan Pablo II, se celebra ese día la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, y los consagrados, con su modo carismático de vivir el seguimiento de Jesucristo, son puestos en el candelero de la Iglesia para que, brillando en ellos la luz del Evangelio, alumbren a todos los hombres y estos den gloria al Padre que está en los cielos (cf. Mt 5,16). 
En el presente Año de la fe convocado por el papa Benedicto XVI, la vida consagrada, en sus múltiples formas, aparece ante nuestros ojos como un signo de la presencia de Cristo resucitado en el mundo, expresión tomada de la carta apostólica Porta fidei (n. 15) y lema de dicha Jornada. 
¿Qué significa que los consagrados son un signo para el mundo de la presencia de Cristo resucitado en medio de nosotros? El apóstol san Pablo puede darnos lo clave interpretativa de dicha afirmación al confesar: "Mi vida de ahora en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí". (Gál 2, 20). Los consagrados viven esta fe existencial, una fe que nace del encuentro con Dios en Jesucristo, de su amor, de la confianza en su persona, hasta involucrar la vida entera. "La fe no es un mero asentimiento intelectual del hombre frente a las verdades en particular sobre Dios; es un acto por el cual me confío libremente a un Dios que es Padre y  me ama; es la adhesión a un que me da esperanza y confianza. [...]Dios se ha revelado a nosotros en Cristo, ha revelado que su amor por cada uno de nosotros es sin medida: en la cruz, Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios hecho hombre, nos muestra del modo más luminoso a qué grado llega este amor, hasta darse a sí mismo, hasta el sacrificio total. Con el misterio de la muerte y Resurrección de Cristo, Dios desciende hasta el fondo de nuestra humanidad para elevarla. La fe es creer en este amor de Dios [...], un amor indestructible que no solo aspira a la eternidad, sino que la da" 
Los religiosos y religiosas, las vírgenes consagradas, los miembros de los institutos seculares y las sociedades de vida apostólica, los monjes y monjas de vida contemplativa, y todos cuantos han sido llamados a una nueva forma de consagración, hacen del misterio pascual la razón misma de su ser y su quehacer en la Iglesia y para el mundo. 
Ellos y ellas, con su vida y misión, son en esta sociedad tantas veces desierta de amor, signo vivo de la ternura de Dios. Nacidos de la Pascua, ellos y ellas, por el Espíritu de Cristo resucitado, pueden entregarse sin reservas a los hermanos y a todos los hombres, niños, jóvenes, adultos y ancianos, por el ejercicio de la caridad, en las escuelas y hospitales, en los geriátricos y en las cárceles, en las parroquias y en los claustros, en las ciudades y en los pueblos, en las universidades y en los asilos, en los lugares de frontera y en lo más oculto de las celdas. 
El papa Benedicto XVI, al convocar el Año de la fe, ha querido que "la Iglesia renueve el entusiasmo de creer en Jesucristo, único Salvador del mundo; reavive la alegría de caminar por el camino que nos ha indicado; y testimonie de modo concreto la fuerza transformadora de la fe [...] a través del anuncio de la Palabra, la celebración de los sacramentos y las obras de caridad". Y asimismo lo quiere para todos nuestros hermanos y hermanas de la vida consagrada. Tenemos ante nosotros, pues, un magnífico programa para este Año de la fe: renovar con entusiasmo la consagración, reavivar con alegría la comunión, testimoniar a Cristo resucitado en la misión evangelizadora.  
+ Vicente Jiménez Zamora 
Obispo de Santander  
Presidente de la CEVC 

Algunos enlaces de interés:

domingo, 23 de diciembre de 2012

¡FELIZ NAVIDAD!

A continuación reproduzco la felicitación navideña que hemos recibido de las Hermanas Iesu Communio.
Vosotros, queridos lectores, podéis leer el texto aquí mejor que nosotros en la tarjeta puesto que nuestra hija nos la ha hecho llegar subrayada y con anotaciones y reflexiones por todas partes. Yo os invito a dos cosas:
  • Que imprimáis el texto y también subrayéis y hagáis anotaciones a medida que lo leéis y releéis en estos días. Da mucho de sí.
  • Que hagáis como nosotros, que en la nochebuena lo leeremos después del evangelio del nacimiento, antes de colocar al niño en el Belén.

 María tiene en sus brazos al Niño, nos lo está ofreciendo. Presenta el Misterio que el Espíritu de Dios ha obrado en sus entrañas: la encarnación del Hijo de Dios. En su seno, durante nueve meses, se ha hecho realidad el sueño inmemorial de Dios. Dios se ha hecho niño.

La Madre presenta el fruto de su vientre: el misterio de Dios en la carne de un niño; Dios hecho don absolutamente accesible, absolutamente amable, absolutamente tierno; Dios hecho don para todos.

Algo nuevo había empezado a ocurrir. En un niño, Dios aprendía a ser hombre, y el hombre aprendía a ser Dios. Y ese misterio del Niño Dios es un misterio llamado a prolongarse en nosotros. En la carne de Jesús aprendemos cuál es el designio de Dios sobre nuestra humanidad, sobre cada uno de nosotros. Hoy no recordamos simplemente un hecho histórico acaecido hace mucho tiempo; hoy queremos hacer una especialísima memoria de una realidad de la que el cristiano vive cada día; hoy nos centramos y contemplamos las entrañas del ser cristiano.

Por el don del Espíritu, Cristo no es solo Emmanuel, es decir Dios con nosotros, sino también Dios en nosotros. Por el don del Espíritu, Cristo viene continuamente a nosotros, nace continuamente en nosotros, porque el Espíritu nos configura con él, para que nosotros seamos también encarnación de Dios en este mundo, para que seamos presencia de Dios gracias a nuestra frágil carne que el Espíritu Santo configura a Cristo.

No solo queremos evocar un hecho histórico, sino que deseamos confesar con nuestra vida el don de Dios ofrecido a todos: nuestra carne está llamada a ofrecer a Cristo, a ser presencia suya en la noche gélida de los pastores o en la búsqueda inquieta de los magos de Oriente. No solo nuestras palabras, sino nuestra manera de hablar, nuestra forma de reír, nuestras relaciones, nuestra jovialidad, nuestra agudeza, nuestra simpatía, nuestro carácter, nuestro ser y nuestro obrar, si responden al don del Espíritu, han de ser presencia del amor de Cristo encarnado en nuestra humanidad y ofrecido a todos.

Belén es la inaudita locura de Dios, que quiere ver como ven los hombres, oír como oyen los hombres, sentir como sienten los hombres, hablar como hablan los hombres,... para que un día los hombres vean como ve Dios, oigan como oye Dios, sientan como siente Dios, hablen como habla Dios.

Belén es un clamor. Dios quiere hacernos ver cómo lo más grandioso sucede en lo pequeño, en lo sencillo, en lo desapercibido para el fasto y el boato mundanos, incluso en lo despreciable y desechable para tantos y tantos. Belén nos reclama convertir nuestra manera de mirar y considerar la realidad, convertir nuestra forma de atender a las personas y a los acontecimientos, convertir nuestros criterios para valorar lo que nos rodea, convertir nuestra actitud ante cada una de las acciones que hemos de afrontar: en todas ellas quiere nacer Jesús, hacerse presencia para todos. No hay nada en nuestra vida que no esté llamado a ser Navidad, porque todo nuestro tiempo está llamado a ser sagrado.

¡Ser Navidad! ¡Se necesita tan poco para serlo! ¡Un pesebre y unas pajas acogieron la gloria de Dios hecho Niño! Pero el Esperado vino de forma insólita. ¡Y el  Esperado viene tantas veces en formas tan desconcertantes! Hay veces en que el desconcierto nos vence, hasta no ver el Don que tanto deseamos. "Señor, ¿cuándo fue eso?", diremos. "Cuando lo hicisteis, o no, con uno de estos", nos dirá el Niño de Belén. Dejamos de acunarlo en la fragilidad del hermano que nos escandaliza, en la tristeza del hermano que nos abruma, en la alegría del hermano que nos molesta, en la caída del hermano que nos genera juicio, en el éxito del hermano que nos entristece, en el fracaso del hermano que no lo hacemos nuestro, en el carácter del hermano que nos irrita, en la dejadez del hermano que nos desasosiega, en las carencias del hermano que nos abochornan,... ¡Ay, si todo lo acunásemos en el amor...! Quizás los hermanos encontrarían la medicina para su fragilidad, la alegría para su tristeza, la fortaleza para levantarse de su caída, el estímulo para equilibrar su carácter, el ardor para salir de la dejadez, la riqueza para colmar sus carencias; quizás sus alegrías serían nuestras alegrías, y sus éxitos serían los nuestros. ¡Hay tantas ocasiones en que nuestro amor no acuna a Jesús que viene en el hermano! Y cuando eso sucede, dejamos de ser carne de Iglesia.

En Belén, María nos ofrece a su Hijo, cuyo Espíritu nos capacita para que nuestra carne, configurada a Cristo, haga presente su bien, su belleza y su verdad en medio del mundo, pero solo será así si sabemos acogerlo y acunarlo en el hermano que, a nuestro lado, con sus carencias, es asimismo presencia de Cristo indigente.

Misterio de Navidad: Dios encomendado a las manos de los hombres, Dios confiado en las manos de los hombres.

¡Os deseamos una santa y, por tanto, una feliz Navidad!

sábado, 22 de diciembre de 2012

ESCLAVOS EN EL PARAÍSO (Vídeo promocional)

Os invito a ver el vídeo promocional de "Esclavos en el paraíso". Un buen libro para regalar estas navidades.

lunes, 10 de diciembre de 2012

EL AÑO DE LA FE Y EL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA


Primera Prédica de Adviento 2012

P. Raniero Cantalamessa, OFM Cap
ROMA, viernes 7 diciembre 2012 (ZENIT.org).- Iniciamos un nuevo ciclo de las predicaciones del padre Raniero Cantalamessa OFMCap, predicardor de la Casa Pontificia, que inicia el tiempo litúrgico de Adviento.
*****
1. El libro "comido"
En la predicación a la Casa Pontificia, trato de dejarme guiar, en la elección de temas, por las gracias o los eventos especiales que la Iglesia vive en un momento dado de su historia. Recientemente tuvimos la inauguración del Año de la Fe, el quincuagésimo aniversario del Concilio Vaticano II, y el Sínodo sobre la nueva evangelización y la transmisión de la fe cristiana. Pensé, por lo tanto, desarrollar en el Adviento una reflexión sobre cada uno de estos tres eventos.
Empiezo con el Año de la Fe. Para no perderme en un tema, la fe, que es tan vasto como el mar, me centro en un punto de la Carta Porta Fidei del santo padre, precisamente allí donde insta a hacer del Catecismo de la Iglesia Católica (CEC) (en el vigésimo aniversario de su publicación), el instrumento privilegiado para vivir fructuosamente la gracia de este año.
El papa escribe en su Carta:
"El Año de la Fe deberá expresar un compromiso unánime para redescubrir y estudiar los contenidos fundamentales de la fe, sintetizados sistemática y orgánicamente en el Catecismo de la Iglesia Católica.En efecto, en él se pone de manifiesto la riqueza de la enseñanza que la Iglesia ha recibido, custodiado y ofrecido en sus dos mil años de historia. Desde la Sagrada Escritura a los Padres de la Iglesia, de los maestros de teología a los santos de todos los siglos, el Catecismo ofrece una memoria permanente de los diferentes modos en que la Iglesia ha meditado sobre la fe y ha progresado en la doctrina, para dar certeza a los creyentes en su vida de fe." 1
No hablaré ciertamente sobre el contenido del CEC, de sus divisiones, de sus criterios informativos; sería como tratar de explicar la Divina Comedia a Dante Alighieri. Prefiero hacer un esfuerzo por mostrar cómo hacer para que este libro, de instrumento tan silencioso, como un violín bien apoyado sobre un paño de terciopelo, se transforme en un instrumento que suene y sacuda los corazones. La Pasión de San Mateo de Bach, permaneció durante un siglo como una partitura escrita, conservada en los archivos de la música, hasta que en 1829 Felix Mendelssohn en Berlín hizo de ella una ejecución magistral, y desde ese día el mundo se enteró de qué melodías y coros sublimes, estaban contenidos en aquellas páginas que hasta entonces permanecian mudas.
Son realidades muy diferentes, es cierto, pero algo así pasa con cada libro que habla de la fe, como es el CEC: se debe pasar de la partitura a la ejecución, de la página muda a algo vivo que sacuda el alma. La visión de Ezequiel de la mano extendida sosteniendo un rollo, nos ayuda a entender lo que se requiere para que esto suceda:
"Yo miré: vi una mano tendida hacia mí, que sostenía un libro enrollado. Lo desenrolló ante mí: estaba escrito por el anverso y por el reverso; había escrito “Lamentaciones, gemidos y ayes”. Y me dijo: “Hijo de hombre, come lo que se te ofrece; come este rollo, y ve luego a hablar a la casa de Israel.” Yo abrí mi boca y él me hizo comer el rollo, y me dijo: “Hijo de hombre, aliméntate y sáciate de este rollo que yo te doy.”Lo comí, y fue en mi boca dulce como la miel" (Ez. 2,9-3,3).
El Sumo Pontífice es la mano que, en este año, ofrece de nuevo a la Iglesia el CEC, diciendo a cada su miembro: "Toma este libro, cómetelo, llénate el estómago". ¿Qué significa comerse un libro? No es solo estudiarlo, analizarlo, memorizarlo, sino hacerlo carne de la propia carne y sangre de la propia sangre, "asimilarlo", como se hace con los alimentos que comemos. Transformarlo de fe estudiada, a fe vivida.
Esto no se puede hacer con toda la dimensión del libro, y con todas y cada una de las cosas en ella contenidas. No se puede hacer analíticamente, sino solo sintéticamente. Me explico. Debemos comprender el principio que informa y une todo, en suma, el corazón del CEC. ¿Y cuál es ese corazón? No es un dogma, o una verdad, una doctrina o un principio ético; es una persona: ¡Jesucristo! "Página tras página --escribe el santo padre a propósito del CEC, en la misma carta apostólica--, resulta que lo que se presenta no es una teoría, sino un encuentro con una persona que vive en la Iglesia."
Si toda la Escritura, como dice Jesús mismo, habla de él (cf. Jn. 5,39), si está preñada de Cristo y si todo se resume en él, ¿podría ser de otro modo para el CEC, que, de las Escrituras mismas, quiere ser una exposición sistemática, elaborada a partir de la Tradición, bajo la guía del Magisterio?
En la Primera parte, dedicada a la fe, el CEC recuerda el gran principio de santo Tomás de Aquino según el cual "el acto de fe del creyente no se detiene ante el enunciado, sino que alcanza la realidad" (Fides non terminatur ad enunciabile sed ad rem)2. Ahora, ¿cuál es la realidad, la "cosa" última de la fe? ¡Dios, por supuesto! Pero no un dios cualquiera que cada uno se retrata a su gusto y voluntad, sino el Dios que se ha revelado en Cristo, que se "identifica" con él hasta el punto de poder decir: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" y "A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre, él lo ha contado" (Jn. 1,18).
Cuando hablamos de fe "en Jesucristo" no separamos el Nuevo del Antiguo Testamento, no comenzamos la verdadera fe con la llegada de Cristo a la tierra. Si fuera así, sería como excluir del número de creyentes al mismo Abraham, a quien llamamos “nuestro padre en la fe” (cf. Rm. 4,16). Al identificar a su Padre con "el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob" (Mt. 22, 32) y con el Dios "de la ley y los profetas" (Mt. 22, 40), Jesús autentificó la fe judía, mostró su carácter profético, diciendo que ellos hablaban de él (cf. Lc. 24, 27.44; Jn. 5, 46). Esto es lo que hace a la fe judía diferente a los ojos de los cristianos, de cualquier otra fe, y que justifica la condición especial de que goza, después del Concilio Vaticano II, el diálogo con los judíos respecto a otras religiones.
2. Kerigma y Didaché
Al inicio de la Iglesia era clara la distinción entre kerigma y didaché. El kerigma, que Pablo llama también "el evangelio", se refería a la obra de Dios en Cristo Jesús, el misterio pascual de la muerte y resurrección, y consistía en fórmulas breves de fe, como la que se puede deducir del discurso de Pedro en el día de Pentecostés: "Ustedes lo mataron clavándole en la cruz, Dios le resucitó y lo ha constituído Señor" (cf. Hch. 2, 23-36), o también: "Porque, si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo" (Rm. 10,9).
La didaché indicaba, en cambio, la enseñanza sucesiva a la llegada de la fe, el desarrollo y la formación completa del creyente. Estaban convencidos (especialmente Pablo) que la fe, como tal, germinaba solo en presencia del kerigma. Este no era un resumen de la fe o una parte de la misma, sino la semilla de la cual nace todo lo demás. También los cuatro evangelios fueron escritos más tarde, precisamente con el fin de explicar el kerigma.
Incluso el más antiguo núcleo del credo hacía referencia a Cristo, de quien metía en luz el doble componente: humano y divino. Un ejemplo de ello es considerado el verso de la Carta a los Romanos que habla de Cristo "nacido del linaje de David según la carne, constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos" (Rm. 1,3-4 ). Pronto este núcleo primitivo, o credo cristológico, fue incluido en un contexto más amplio como el segundo artículo del símbolo de la fe. Nacen, incluso por exigencias relativas al bautismo, los símbolos trinitarios llegados hasta nosotros.
Este proceso es parte de lo que Newman llama "el desarrollo de la doctrina cristiana"; es una riqueza, no un alejamiento de la fe original. Nos corresponde a nosotros hoy en día --y en primer lugar a los obispos, a los predicadores, a los catequistas--, distinguir el carácter "aparte" del kerigma como momento germinal de la fe.
En una ópera, para retomar la metáfora musical, está el recitado y el cantado; y en el cantado están los "agudos" que conmueven a la audiencia y provocan emociones fuertes, a veces incluso escalofríos. Ahora sabemos cuál es el agudo de cada catequesis.
Nuestra situación ha vuelto a ser la misma que en el tiempo de los apóstoles. Ellos tenían ante sí un mundo precristiano para predicar el evangelio; nosotros tenemos ante nosotros, al menos en cierta medida y en algunos sectores, un mundo poscristiano para reevangelizar. Tenemos que regresar a su método, sacar a la luz "la espada del Espíritu", que es el anuncio, en Espíritu y poder, de Cristo muerto por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación (cf. Rm. 4,25).
El kerigma no es solo el anuncio de algunos hechos o verdades de fe claramente definidas; es también una atmósfera espiritual que se puede crear según lo que se diga, un contexto en el que todo se dispone. Está en el que anuncia, mediante su fe, permitirle al Espíritu Santo crear esta atmósfera.
Entonces, nos preguntamos, ¿cuál es el sentido del CEC? Lo mismo que en la Iglesia apostólica fue la didaché: formar la fe, dándole un contenido, mostrando sus exigencias éticas y prácticas, volviéndola una fe que "actúa por la caridad" (cf. Ga. 5,6). Lo clarifica bien un párrafo del mismo CEC. Después de recordar el principio tomista de que "la fe no termina en las formulaciones, sino en la realidad", añade:
"Sin embargo, nos acercamos a estas realidades con la ayuda de las formulaciones de la fe. Estas permiten expresar y transmitir la fe, celebrarla en comunidad, asimilarla y vivir de ella cada vez más"3.
Esta es la importancia del adjetivo "católico" en el título del libro. La fuerza de algunas iglesias no católicas es poner todo el énfasis en el momento inicial, en la llegada a la fe, en la adhesión al kerigma y en la aceptación de Jesús como Señor, visto, todo esto, como un "nacer de nuevo", o como "una segunda conversión". Sin embargo, esto puede convertirse en una limitación, si se detiene en eso y todo sigue girando en torno a eso.
Nosotros los católicos tenemos algo que aprender de estas iglesias, pero también tenemos mucho que dar. En la Iglesia católica esto es el comienzo, no el final de la vida cristiana. Después de esa decisión, se abre el camino hacia el crecimiento y la plenitud de la vida cristiana y, gracias a su riqueza sacramental, al magisterio, al ejemplo de muchos santos, la Iglesia católica se encuentra en una posición privilegiada para llevar a los creyentes a la perfección de la vida de fe.
El papa escribe en la citada carta Porta Fidei:
"A partir de la Sagrada Escritura a los Padres de la Iglesia, de los maestros de la teología a los santos que han pasado a través de los siglos, el Catecismo ofrece una memoria permanente de las muchas maneras en que la Iglesia ha meditado sobre la fe y ha progresado en la doctrina para dar certeza a los creyentes en su vida de fe."
3. La unción de la fe
He hablado del kerigma como del "agudo" de la catequesis. Pero para producir este agudo no es suficiente levantar el tono de la voz, se necesita más. "Nadie puede decir '¡Jesús es Señor!' [¡esto es, por excelencia, el agudo!] sino en el Espíritu Santo" (1 Co. 15,3). El evangelista Juan hace una aplicación del tema de la unción, que se presenta particularmente actual en este Año de la fe. Él escribe:
"Ustedes tienen la unción del Santo, y todos ustedes lo saben [...] La unción que de él han recibido permanece en ustedes, y no necesitan que nadie se lo enseñe. Pero como su unción les enseña acerca de todas las cosas --y es verdadera y no es mentirosa--, como les ha enseñado, permanezcan en él" (1 Jn. 2, 20.27).
El autor de esta unción es el Espíritu Santo, como se deduce del hecho de que en otra parte, la función de "enseñar todas las cosas" es atribuida al Paráclito como "Espíritu de verdad" (Jn. 14, 26). Se trata, como escriben diferentes Padres, de una "unción de la fe": "La unción que viene del Santo –escribe Clemente de Alejandría--, se realiza en la fe"; "La unción es la fe en Cristo", dice otro escritor de la misma escuela4.
En su comentario, Agustín dirige en este sentido, una pregunta al evangelista. ¿Por qué, dice, has escrito tu carta, si aquellos a los que te dirigías habían recibido la unción que enseña acerca de todo, y no tenían necesidad de que nadie les instruyese? ¿Por qué este nuestro mismo hablar e instruir a los fieles? Y he aquí su respuesta, basada en el tema del maestro interior:
"El sonido de nuestras palabras golpea el oído, pero el verdadero maestro está dentro [...] Yo he hablado a todos, pero aquellos a los que no habla esa unción, a aquellos que el Espíritu no instruye internamente, se van sin haber aprendido nada [...] Por tanto, es el maestro interior el que realmente enseña; es Cristo, es su inspiración la que enseña."5
Hay una necesidad de instrucción desde fuera, necesitamos maestros; pero sus voces penetran en el corazón solo si se le añade aquella interior del Espíritu. "Y nosotros somos testigos de estos hechos, y también el Espíritu Santo que ha dado a los que le obedecen" (Hch. 5,32). Con estas palabras, pronunciadas ante el Sanedrín, el apóstol Pedro no solo afirma la necesidad del testimonio interno del Espíritu, sino también indica cuál es la condición para recibirlo: la voluntad de obedecer, de someterse a la Palabra.
Es la unción del Espíritu Santo que hace pasar de los enunciados de la fe a su realidad. El evangelista Juan habla de un creer que es también conocer: "Nosotros hemos conocido y hemos creído en el amor que Dios nos tiene" (1 Jn. 4,16). "Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios" (Jn. 6, 69). "Conocer", en este caso, como en general en toda la Escritura, no significa lo que hoy significa para nosotros, es decir, tener la idea o el concepto de una cosa. Significa experimentar, entrar en relación con la cosa o con la persona. La afirmación de la Virgen: "Yo no conozco varón", no quería decir que no sé lo que es un hombre...
Fue un caso de evidente unción de fe lo que Pascal experimentó en la noche del 23 de noviembre de 1654 y que fijó con cortas frases exclamativas en un texto encontrado después de su muerte, cosido en el interior de su chaqueta:
"Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, no de los filósofos ni eruditos. Certeza. Certeza. Sentimiento. Alegría. Paz. Dios de Jesucristo [...] Se le encuentra solamente en los caminos del Evangelio. [...] Alegría, alegría. Alegría, lágrimas de alegría. [...] Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y aquel a quien tú has enviado: Jesucristo".6
La unción de la fe se da generalmente cuando, sobre una palabra de Dios o sobre una declaración de fe, cae repentinamente la iluminación del Espíritu Santo, por lo general acompañado por una fuerte emoción. Me acuerdo que un año, en la fiesta de Cristo Rey, escuchaba en la primera lectura de la misa la profecía de Daniel sobre el Hijo del Hombre:
"Yo seguía mirando, y en la visión nocturna, vi venir sobre las nubes del cielo alguien parecido al Hijo del hombre, que se dirigió hacia el anciano y fue presentado ante él. Le dieron poder, honor y reino y todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su poder es eterno y nunca pasará, y su reino no será destruido" (Dn. 7,13-14).
El Nuevo Testamento, se sabe, ha visto realizada la profecía de Daniel en Jesús; él mismo ante el Sanedrín, la hace suya (cf. Mt. 26, 64); una frase del texto ha entrado incluso en el Credo: “y su reino no tendrá fin”, ("cuius regnum non erit finis").
Yo sabía, por mis estudios, todo esto, pero en ese momento era otra cosa. Era como si la escena tuviera lugar allí, ante mis ojos. Sí, el Hijo del hombre que avanzaba era él, Jesús. Todas las dudas y las explicaciones alternativas de los eruditos, que también conocía, me parecían, en ese momento, excusas para no creer. Experimentaba, sin saberlo, la unción de la fe.
En otra ocasión (creo que he compartido ya esta experiencia en el pasado, pero ayuda a entender el asunto presente), asistía a la Misa de Gallo presidida por Juan Pablo II en San Pedro. Llegó el momento del canto de la Calenda, es decir, la proclamación solemne del nacimiento del Salvador, presente en el Martirologio antiguo y reintroducida en la liturgia de Navidad después del Concilio Vaticano II:
"Muchos siglos después de la creación del mundo... Trece siglos después del Éxodo de Egipto... En la centésima nonagésima quinta Olimpiada, en el año 752 de la fundación de Roma... En el quadragésimo segundo año del imperio de César Augusto, Jesucristo, Dios eterno e Hijo del eterno Padre, habiendo sido concebido por obra del Espíritu Santo, después de nueve meses, nació en Belén de Judea, de la Virgen María, hecho hombre".
Al llegar a estas últimas palabras sentí una repentina claridad interior, por lo que recuerdo haber dicho a mí mismo: "¡Es cierto! ¡Es verdad todo esto que se canta! No son solo palabras. El Eterno entra en el tiempo. El último evento de la serie rompió la serie; ha creado un "antes" y un "después" irreversibles; el cómputo del tiempo que antes tenía lugar en relación a diferentes eventos (los Juegos Olímpicos tales, el reino de aquel), ahora se lleva a cabo en relación con un evento único": antes de él, después de él. Una conmoción repentina me atravesó totalmente, y sólo pude decir: "¡Gracias, Santísima Trinidad, y también gracias a ti, Santa Madre de Dios!".
La unción del Espíritu Santo también produce un efecto, por así decirlo, "colateral" en el que anuncia: le hace experimentar la alegría de anunciar a Cristo y su Evangelio. Transforma la tarea de la evangelización de solo incumbencia y deber, a un honor y un motivo de gozo. Es la alegría que conoce bien el mensajero que lleva a una ciudad sitiada, el anuncio de que el asedio fue levantado; o el heraldo que en la antigüedad corría por delante, para llevarle a la gente el anuncio de una victoria decisiva obtenida en el campo de su propio ejército. La "buena noticia", incluso antes de que al destinatario que la recibe, hace feliz al que la porta.
La visión de Ezequiel del rollo que se come, ha sucedido una vez en la historia en el sentido literal y no solo metafóricamente. Fue cuando el libro de la palabra de Dios ha resumido en una sola Palabra, el Verbo. El Padre lo ha portado a María; María lo ha acogido, ha llenado de él, incluso físicamente, su vientre, y luego se lo dio al mundo. Ella es el modelo de todo evangelizador y de todo catequista. Nos enseña a llenarnos con Jesús para darlo a los otros. María concibió a Jesús "por obra del Espíritu Santo", y así debe ser en cada predicador.
El santo padre concluye su carta de convocatoria al Año de la fe con una referencia a la Virgen: "Confiamos, escribe, a la Madre de Dios, proclamada "bendita" porque" ha creído" (Lc. 1,45), este tiempo de gracia"7. Le pedimos que nos obtenga la gracia de experimentar, en este año, muchos momentos de unción de la fe. "Virgo Fidelis, ora pro nobis." Virgen creyente, ruega por nosotros.

Traducción del original italiano por José Antonio Varela V.
1 Benedicto XVI, Carta apost. Porta Fidei, n.11
2 S. Tomàs de Aquino, Summa theologiae, II-II, 1,2,ad 2; cit. in CCC, n.170.
3 CEC, n. 170
4 Clemente Al. Adumbrationes in 1 Johannis (PG 9, 737B); Homéliies paschales (SCh 36, p.40): testi citati da I. de la Potterie, L’unzione del cristiano con la fede, in Biblica 40, 1959, 12-69.
5 S. Agostino, Comentario a la Primera Carta de Juan 3,13 (PL 35, 2004 s).
6 B. Pascal, Memorial, ed. Brunschvicg.
7 “Porta fidei”, nr. 15.

martes, 6 de noviembre de 2012

"ESCLAVOS EN EL PARAÍSO"

Ahora que el otoño ha llegado tiñendo nuestros bosques de colores y llenando nuestros parques y jardines de hojas caídas. Con la bendita lluvia empapando las calles y, de paso, rellenando nuestros embalses. En este tiempo en que los termómetros empiezan a almacenar el mercurio en la zona inferior, o bien, en los digitales desaparece el segundo dígito como si entrara en proceso de hibernación. Llegando estos días apetece sentarse en torno a la mesa saboreando un café calentito y endulzarlo con un poco de azúcar y si es azúcar de caña, mejor aún.
En mi caso tengo que privarme de esta última parte, porque la diabetes no me lo permite, y conformarme con un par de "sacarinas". Pero hoy no quiero escribir sobre el otoño ni sobre las enfermedades que, a cada uno, nos van apareciendo con el paso de los años. Este blog trata sobre el azúcar, y más concretamente sobre el azúcar de caña.
Seguramente que al situarnos en la escena que describía al principio de estas líneas no hemos pensado en lo que hay detrás de esas dos cucharadas o terrones de cristalitos blancos o morenos que depositamos en nuestra taza de café.
No trataré de explicaros todo el proceso de elaboración de tan dulce producto, ni mucho menos. Lo que os propongo es que acompañéis esa taza de café con un complemento ideal que es la lectura de un buen libro. En concreto del nuevo libro, que hoy sale a la venta, de Jesús García. El título del mismo es: "ESCLAVOS EN EL PARAÍSO". Una frase bajo el título aclara: "El Reino de Dios en los bateyes dominicanos. La historia del misionero español Christopher Hartley Sartorius."
Como dice el Cardenal Cañizares en las páginas iniciales, a modo de presentación, el libro es un auténtico regalo para quien lo lea, como ha sido para mí un verdadero don y gracia, que estimula, alienta y hace proclamar las maravillas que la misericordia de Dios realiza a favor de la Iglesia y de los hombres.
Como dice el mismo autor, no se trata de la biografía de un superhéroe, para eso están los cómics de Batman o Superman; sino del relato de la acción de Dios en un hombre de Dios, un siervo y servidor, fiel y cumplidor del Señor. Este misionero es el sacerdote español Christopher Hartley Sartorius, pero entre las líneas de este libro desfilan muchos hombres y mujeres de Dios cuyas historias, desde la pobreza, el sufrimiento, la esclavitud incluso, reflejan de forma increíble la fe en un Dios que es Amor, rico en misericordia en medio de los campos de caña de San José de los Llanos en República Dominicana, entre los pobres mas pobres.
Cada página del libro es como un machetazo a las cañas que se elevan en los bateyes, que hace rezumar el líquido que guarda en su interior, que no es otro que la esperanza, la alegría y el gozo de vivir con la apremiante necesidad de evangelizar, de entregar la vida para llevar el Amor de Cristo a los demás.
En estos días en que tanto estamos teorizando sobre la Nueva Evangelización, llega a las librerías este libro que nos habla de lo que verdaderamente es eso de la Nueva Evangelización. El "ardor misionero" que transmite el padre Christopher en las cartas que envió desde la misión y que son el hilo conductor de este libro, nace del tiempo, del tiempo de oración, de horas y horas de oración ante el Sagrario que le regalaron las Misioneras de la Caridad. Porque no hay Nueva Evangelización sin Eucaristía.
Pues, ahora que el clima invita al recogimiento en nuestros hogares, ante una taza de café con azúcar de caña dominicano (o con sacarina), os invito a la lectura de "ESCLAVOS EN EL PARAÍSO" con disponibilidad total para contemplar las maravillas que la misericordia de Dios sigue manifestando en medio de nosotros.

domingo, 7 de octubre de 2012

MEDJUJOVEN'2012: Hacer los "recados".

Hemos quedado a las 8:30 h. en el porche de la pensión. Equipados con agua, gorra y calzado cómodo para ir hasta el monte de nombre impronunciable, el Podbdro o Colina de las Apariciones. Allí nos esperan el resto de peregrinos del grupo ya que estamos repartidos en varias pensiones.
Este es otro de los "milagros" de Medjugorje, que viendo el tamaño del pueblo y la cantidad de pensiones de que dispone, es imposible albergar a tantísimos peregrinos. La verdad es que no todos son tan privilegiados como nosotros que dormimos al lado de la parroquia de Santiago Apóstol, muchos de ellos tienen que venir en autobuses desde pueblos vecinos. Algunos haciendo varias decenas de kilómetros cada día.
Tras media hora de camino entre viñedos y puestos ambulantes en los que los lugareños ofrecen desde artículos religiosos hasta licores del lugar, pasando por paños artesanales o tortugas; alcanzamos el punto de encuentro. Enseguida van llegando de las otras pensiones y nos hacemos notar con cánticos y bailes.
La primera rampa es una calle empedrada no apta para final de etapa de la Vuelta Ciclista a España. Sólo es el primer anuncio de lo que viene a continuación porque la calle desaparece para dar paso a un monte de piedras afiladas como cuchillos, pero brillantes por el desgaste del paso de los peregrinos, algunos de ellos descalzos.
En este monte se sube rezando el Santo Rosario. Hay unas placas de bronce con los misterios Gozosos, Dolorosos y Gloriosos. Resulta interesante la música que conforman la sucesión de "ave marías" en distintas lenguas.
Cuando finalizan los misterios Gozosos hay dos opciones: continuar hacia arriba con los misterios Dolorosos o girar hacia la derecha para acercarse a una pequeña explanada en la que está la imagen de la Virgen María conocida como "la coreana" porque fue un regalo de peregrinos de este país.
En este lugar también hay un Cristo crucificado.

De día es impresionante el silencio que envuelve este lugar, pero de noche es una cita imprescindible para todo peregrino que quiera conocer de verdad Medjugorje.
La imagen de Nuestra Señora está dentro de una verja con forma de estrella. Allí se acercan los peregrinos a presentar sus oraciones, peticiones y ofrendas.
En mi caso también he acudido a depositar mis peticiones.
En primer lugar de acción de gracias por tanto bien como me está concediendo a mí y a mi familia. Por tantas Gracias derramadas gratuitamente y que empiezan a dar sus frutos.
En segundo lugar a pedir perdón y misericordia por mis infidelidades de cada día, por mi falta de fe, por mi testarudez, por no dejarme hacer, por no ser obediente a la Madre que me dice: "Haced lo que Él os diga".
Y finalmente, oración de petición por mis intenciones particulares, por las del Santo Padre, por la Iglesia y por tanta gente que se confía en mi oración.
A esto último es a lo que yo llamo "hacer los recados". Este año he peregrinado con varios "encargos" de hermanos en la fe. Hermanos muy necesitados de oración. No me he olvidado de ninguno de vosotros. Todas vuestras intenciones han quedado a los pies de la Virgen.
No puedo daros detalles de todas ellas. Simplemente quiero compartir la emoción que me produjo depositar junto con mi oración la fotografía de un hermano enfermo. Me la entregó su esposa para hacerlo así. Desde entonces ha estado guardada en mi cartera esperando este momento. Sé que su salud no ha mejorado demasiado desde entonces, incluso va empeorando poco a poco, pero la Virgen le está ayudando a llevarlo desde la fe y le está acompañando en su sufrimiento preparándole para el encuentro definitivo con su Hijo.
Para mí ha sido un momento muy especial de intimidad con el Señor por intercesión de María. Me ha emocionado sentir su presencia y ver mi miseria, verme como siervo ejerciendo de cartero de la Virgen para llevar hasta ella la petición de mis hermanos necesitados. Reconozco que no me considero digno de este honor.
El día es muy caluroso, me he retirado a la sombra para seguir en oración y dejar sitio a otros peregrinos. Aquí, en la sombra, no sopla la brisa que me ha envuelto frente a Ella, arrodillado, en silencio, mientras algunas lágrimas resbalaban por mis mejillas.

sábado, 6 de octubre de 2012

MEDJUJOVEN' 2012: Y... ¿Esto es Medjugorje?

Os dejé cuando ya avistábamos las luces del Podbrdo muy cerca. He tardado mucho en volver a escribir desde entonces y también hemos tardado bastante en acomodarnos en nuestras pensiones. Somos muchos y cuesta hacer el reparto de habitaciones, recoger todo el equipaje, etc.
La noche ha sido larga, pero hemos podido descansar en una cama después de tres noches de dormir en tiendas de campaña.
Aunque todavía no ha empezado oficialmente el festival de jóvenes, se ve a mucha gente por la calle. La primera pregunta que hacen los nuevos peregrinos es: ¿Esto es Medjugorje? Algunos lo manifiestan abiertamente y otros no se atreven, pero en su interior hay una extraña reacción al observar este pequeño "pueblo entre montañas" perdido en Bosnia-Herzegovina.
Casi todo el trayecto del viaje ha sido por autopistas de peaje. Hemos pasado por algunos puestos fronterizos. Lo primero que llama la atención al llegar a la frontera de Bosnia-Herzegovina es que la autopista ya no existe, ni siquiera hay presupuesto para marcar las líneas de la carretera y tampoco para reparar el firme. Incluso en el "GPS" desaparece la cartografía a partir de este punto.
El puesto de los agentes fronterizos croatas es un edificio de construcción sencilla, pero una construcción digna. Sin embargo el puesto de los bosnios es una caseta de obra, metálica, con poco más de 15 metros cuadrados. En su interior, el mobiliario imprescindible para los trámites aduaneros: un par de mesas, dos sillas y alguna estantería.
El parking para autocares no ha evolucionado desde la primera vez que pasé por aquí: Una zona descampada de tierra polvorienta. No hay aseos, ni comercios.
Viendo el panorama, te preguntas: ¿A dónde vamos? Pues a una aldea que se encuentra, aún, a una treintena de kilómetros y otra treintena de minutos.
Estas descripciones son para que tú, querido peregrino virtual, puedas convencerte de que esta peregrinación no es a un lugar con excesivos atractivos turísticos.
Medjugorje no figurará, seguramente, en ninguna lista de excelencia urbanística. De hecho, la mayoría de sus calles siguen siendo caminos de tierra o de grava. Esto complica los desplazamientos con las maletas por más ruedas que tenga.
La infraestructura hotelera medjugoriana es "distinta" de lo que puedas haber imaginado. Existen algunos hoteles (pocos), pero la mayoría de los alojamientos son pensiones. Las pensiones han ido proliferando en lo que eran huertas o eras sin ningún orden establecido. Como ejemplo os comento que para acceder a la pensión donde nos alojamos nosotros, tenemos que atravesar el jardín de la pensión de al lado. Por extraño que parezca, nuestra pensión no tiene acceso desde ninguna calle, plaza o similar.
Las pensiones son familiares. La mayor parte de ellas se van ampliando y mejorando con el paso de los años. Son humildes, unas con mejores servicios que otras, pero en general muy sencillas.
Es probable que ya te hayas hecho la misma pregunta del principio: "Y entonces... ¿Esto es Medjugorje?"
Cuando esta pregunta empieza a rondar la cabeza del peregrino, acontece algo que hace distinto a este lugar de otros que habrás visitado. Se trata del personal de la pensión, de la gente de Medjugorje. Ellos suplen con su trato exquisito, con su servicialidad, con su disponibilidad todas las carencias que puede tener el lugar.
En nuestra pensión, anoche nos sorprendieron con una cena deliciosa que ninguno esperábamos. Podíamos repetir si queríamos más.
En un cuarto hemos visto que tenían una lavadora y uno de los peregrinos ha preguntado a la señora de la pensión si podía utilizarla para lavar la ropa suya y de su hija. La señora le ha dicho que no, que deje la ropa en una silla amontonada y ella se encarga de lavarla, tenderla y que se la dejará, al día siguiente en la misma silla. Y que si alguno más quiere lavar la ropa, que haga lo mismo. Y todo esto ¡¡¡GRATIS!!!
No hay un horario fijo de comidas. Ellos se adaptan al horario que nosotros les digamos. Si tenemos que madrugar mucho, nos dejan termos con café, leche y todo lo necesario para coger fuerzas aunque luego nos vuelvan a preparar otro desayuno a la vuelta.
¿Y el horario de apertura o cierre? En Medjugorje la puerta siempre está abierta.
Antes de pasear por la Explanada o subir a cualquiera de los montes o visitar la Parroquia, me ha parecido importante tener este primer contacto con Medjugorje, porque esa primera impresión se derrumba, las preguntas empiezan a responderse solas y, sobre todo, el Señor acontece en cada momento, en cada gesto, en cada persona... Y todo porque en esta aldea entre montañas la Gracia de Dios se está derramando a raudales HOY.

viernes, 14 de septiembre de 2012

MEDJUJOVEN'2012: Tu, Iglesia mia.

Ya nos hemos presentado todos y hemos convivido durante casi cuatro días en este autobús virtual. Después de tantos kilómetros, han sido muchas las horas compartidas y empezamos a ser un pueblo donde conocemos al vecino de al lado, y al de dos calles más abajo.
Cuando se lanza la campaña de la peregrinación no se pone ningún requisito a las personas que quieran animarse a este viaje, como tampoco lo he puesto yo en esta peregrinación bloguera. La consecuencia es que en los buses había peregrinos venidos de muy distintos lugares: Madrid, Extremadura, Valencia, Castilla-León, Castilla-La Mancha, Canarias, Galicia, Murcia, prácticamente de todas las zonas de España y también de Méjico, Colombia. No se pide ningún pasaporte para subirse a este carro.
Ni siquiera se pide el carnet de cristiano, ese que nos gusta tanto tener la potestad de repartir y que con tanta facilidad negamos al prójimo sin mirar antes si nosotros somos dignos de él.
La procedencia, en este último sentido, es muy variopinta: religiosas, sacerdotes, diáconos, cristianos comprometidos con sus parroquias, pertenecientes al Camino Neocatecumenal, a Cursillos de Cristiandad, al Opus Dei, Carismáticos; pero también cristianos de los que abandonaron la Iglesia hace muchos años y que por invitación de algún conocido o familiar han decidido ser partícipes también de esta experiencia única.
Tampoco se pide certificado médico ni condicionante alguno por razón de edad. Desde los más pequeños de 2 años hasta algunos rondando los 80, todos tienen su sitio.
Han bastado estos pocos días para que ese grupo que partía de Ventas empiece a ser un pueblo que camina unido en busca de Dios.
Hemos celebrado la Eucaristía en uno de los camping a primera hora de la mañana. Algunos de los acampados han permanecido ajenos a nuestra presencia, pero una señora italiana se ha parado a observarnos desde una de las vallas. Estaba emocionada ante el espectáculo que contemplaba y que nosotros, por ser parte de él, no podíamos ver. Este espectáculo no era otro que un grupo de 200 personas se acomodaba en el suelo, buscando resguardo del caluroso sol de la mejor manera posible o imposible en muchos casos, para celebrar la Santa Misa. La señora estaba boquiabierta hasta que la hemos invitado a unirse a nosotros, protegida bajo un paraguas ha asistido a nuestra celebración, sentada en el suelo hasta que le hemos facilitado una de nuestras sillas plegables.
La he visto emocionada en el momento de la comunión. Al finalizar se ha despedido dando las gracias a los que estaban más cercanos a ella y nosotros hemos corrido hasta los buses.
Esta es la imagen que recuerda aquel momento.
No creo que hayan sido nuestros cantos lo que le han atraído, pues, aunque nos esforzamos en hacerlo lo mejor que podemos, es complicado tener buenas voces a primera hora de la mañana después de haber dormido en tienda de campaña. Tampoco creo que haya sido nuestras vestimentas, pues os las podéis imaginar. Entonces, ¿Qué hace que una mujer que regresa de tomar el sol en la playa se detenga a celebrar la Eucaristía en un idioma que no es el suyo con un grupo de personas a las que no conoce de nada?
Yo creo que este es el misterio de la Iglesia, de nuestra Madre Iglesia, que cuando muestra el rostro de Cristo, atrae. Esto es lo que ha visto en nosotros, a la Iglesia, que como Madre que es, se ha mostrado abierta a través nuestro, dando lo que tiene. Y ¿Qué es lo que tiene? Pues a Jesucristo vivo y presente en cristianos que se aman, que sin importarles quien es quien, se unen, se ayudan, recogen sus tiendas, sacos y equipajes colaborando unos con otros y, rápidamente, se disponen a recibirle a Él para poder continuar el viaje.

A lo lejos se ven ya las luces del Podbro. Está anocheciendo, pero las ganas de llegar a Medjugorje pueden más que el cansancio.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Pasando el testigo.

Gracias a Inés María por esta iniciativa tan hermosa.
Este blog nació con la intención de compartir vivencias de fe. Aprovechando las posibilidades que nos da internet, poder comunicar, desde la humildad, experiencias y momentos que a mí o a los míos nos han acercado a Dios. No importa mucho lo bien o mal que lo hacemos, sino contribuir por este medio a la tarea evangelizadora que el mismo Señor nos encomendó.
He recibido el "testigo" de esta iniciativa y lo acepto. Esto supone unos requisitos que expongo a continuación para que aquellos que os sintáis llamados, os unáis a la iniciativa:
  1. Publicar en una entrada lo que supone para nosotros ser evangelizadores en la blogosfera.
  2. Pasar el "testigo" a otros cinco blogs. Cinco como cinco son las letras del nombre de MARÍA, y explicar el motivo por el que se eligen cinco blogs en honor a nuestra Madre. Hacer una oración a la Virgen María por cada una de las personas que están detrás de cada uno de esos blogs.
  3. Que cada uno de los blogs elegidos lo anunciemos en dicha entrada con su respectivo nombre , así nuestros seguidores podrán descubrir otros blogs y de ese modo irnos conociendo.
A continuación os cito 5 blogs que son evangelizadores en la red: