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lunes, 16 de septiembre de 2013

ESTAMOS DE VUELTA

Mañana sale a la venta el nuevo libro de Jesús García. Su título es "ESTAMOS DE VUELTA" y en la portada aparece un peregrino con una camiseta en la que leemos "MEDJUGORJE II". Esta portada resume bastante bien lo que contiene el libro. Aunque realmente no es una segunda parte de "MEDJUGORJE", sí que es la consecuencia de aquel libro a unos años vista.

En este caso, el hilo conductor vuelve a ser una peregrinación a aquella "aldea entre montañas" de Bosnia-Herzegovina, pero con la peculiaridad de que la peregrinación es en autobús, uno de esos autobuses que cada año forman parte del conocido MEDJUJOVEN del que tanto os he hablado.
Entre los ocupantes de este autobús de papel, el autor ha seleccionado a nueve para que nos cuenten su testimonio durante el viaje.
Todos ellos tienen un punto en común, ya han estado antes en Medjugorje y ahora vuelven, pero también todos ellos han hecho el viaje de vuelta a sus ciudades, a sus casas, a sus trabajos, a sus ambientes trayendo algo de allí que les ha transformado no sólo a ellos sino también a muchos de los que les rodean.
Desde un padre de familia numerosa que se lía la manta a la cabeza y empieza a organizar el MEDJUJOVEN hasta un matrimonio de diseñadores de interiores instalados en las altas esferas del mundo del diseño, pasando por un jugador olímpico de hockey hierba o una abogada con sueldo de seis cifras, sin olvidarnos de una de las inquilinas de las portadas de las revistas del corazón.
No podía faltar el testimonio de un sacerdote, puesto que no se debe peregrinar sin, por lo menos, un ministro ordenado. A este grupo hay que añadir un periodista radiofónico, de esos que llamamos "voces de la radio", un padre de familia numerosa en situación de desempleo y una joven universitaria.
En principio, el cóctel parece interesante. Entre ellos no se conocen de nada, pero se han instalado en las páginas (asientos) de este libro (autobús) en el que todavía hay sitio para tí, querido lector.
Entre parada en área de servicio y noche de camping, a la sombra de uno de los árboles de la explanada de Medjugorje o a bordo del ferry en el que cruzamos el Adriátrico, ellos quieren contarte su historia de conversión. Si quieres participar de esta peregrinación, a partir de mañana, 17 de septiembre, compra tu ejemplar.
Como anticipo os dejo el vídeo promocional.

lunes, 10 de diciembre de 2012

EL AÑO DE LA FE Y EL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA


Primera Prédica de Adviento 2012

P. Raniero Cantalamessa, OFM Cap
ROMA, viernes 7 diciembre 2012 (ZENIT.org).- Iniciamos un nuevo ciclo de las predicaciones del padre Raniero Cantalamessa OFMCap, predicardor de la Casa Pontificia, que inicia el tiempo litúrgico de Adviento.
*****
1. El libro "comido"
En la predicación a la Casa Pontificia, trato de dejarme guiar, en la elección de temas, por las gracias o los eventos especiales que la Iglesia vive en un momento dado de su historia. Recientemente tuvimos la inauguración del Año de la Fe, el quincuagésimo aniversario del Concilio Vaticano II, y el Sínodo sobre la nueva evangelización y la transmisión de la fe cristiana. Pensé, por lo tanto, desarrollar en el Adviento una reflexión sobre cada uno de estos tres eventos.
Empiezo con el Año de la Fe. Para no perderme en un tema, la fe, que es tan vasto como el mar, me centro en un punto de la Carta Porta Fidei del santo padre, precisamente allí donde insta a hacer del Catecismo de la Iglesia Católica (CEC) (en el vigésimo aniversario de su publicación), el instrumento privilegiado para vivir fructuosamente la gracia de este año.
El papa escribe en su Carta:
"El Año de la Fe deberá expresar un compromiso unánime para redescubrir y estudiar los contenidos fundamentales de la fe, sintetizados sistemática y orgánicamente en el Catecismo de la Iglesia Católica.En efecto, en él se pone de manifiesto la riqueza de la enseñanza que la Iglesia ha recibido, custodiado y ofrecido en sus dos mil años de historia. Desde la Sagrada Escritura a los Padres de la Iglesia, de los maestros de teología a los santos de todos los siglos, el Catecismo ofrece una memoria permanente de los diferentes modos en que la Iglesia ha meditado sobre la fe y ha progresado en la doctrina, para dar certeza a los creyentes en su vida de fe." 1
No hablaré ciertamente sobre el contenido del CEC, de sus divisiones, de sus criterios informativos; sería como tratar de explicar la Divina Comedia a Dante Alighieri. Prefiero hacer un esfuerzo por mostrar cómo hacer para que este libro, de instrumento tan silencioso, como un violín bien apoyado sobre un paño de terciopelo, se transforme en un instrumento que suene y sacuda los corazones. La Pasión de San Mateo de Bach, permaneció durante un siglo como una partitura escrita, conservada en los archivos de la música, hasta que en 1829 Felix Mendelssohn en Berlín hizo de ella una ejecución magistral, y desde ese día el mundo se enteró de qué melodías y coros sublimes, estaban contenidos en aquellas páginas que hasta entonces permanecian mudas.
Son realidades muy diferentes, es cierto, pero algo así pasa con cada libro que habla de la fe, como es el CEC: se debe pasar de la partitura a la ejecución, de la página muda a algo vivo que sacuda el alma. La visión de Ezequiel de la mano extendida sosteniendo un rollo, nos ayuda a entender lo que se requiere para que esto suceda:
"Yo miré: vi una mano tendida hacia mí, que sostenía un libro enrollado. Lo desenrolló ante mí: estaba escrito por el anverso y por el reverso; había escrito “Lamentaciones, gemidos y ayes”. Y me dijo: “Hijo de hombre, come lo que se te ofrece; come este rollo, y ve luego a hablar a la casa de Israel.” Yo abrí mi boca y él me hizo comer el rollo, y me dijo: “Hijo de hombre, aliméntate y sáciate de este rollo que yo te doy.”Lo comí, y fue en mi boca dulce como la miel" (Ez. 2,9-3,3).
El Sumo Pontífice es la mano que, en este año, ofrece de nuevo a la Iglesia el CEC, diciendo a cada su miembro: "Toma este libro, cómetelo, llénate el estómago". ¿Qué significa comerse un libro? No es solo estudiarlo, analizarlo, memorizarlo, sino hacerlo carne de la propia carne y sangre de la propia sangre, "asimilarlo", como se hace con los alimentos que comemos. Transformarlo de fe estudiada, a fe vivida.
Esto no se puede hacer con toda la dimensión del libro, y con todas y cada una de las cosas en ella contenidas. No se puede hacer analíticamente, sino solo sintéticamente. Me explico. Debemos comprender el principio que informa y une todo, en suma, el corazón del CEC. ¿Y cuál es ese corazón? No es un dogma, o una verdad, una doctrina o un principio ético; es una persona: ¡Jesucristo! "Página tras página --escribe el santo padre a propósito del CEC, en la misma carta apostólica--, resulta que lo que se presenta no es una teoría, sino un encuentro con una persona que vive en la Iglesia."
Si toda la Escritura, como dice Jesús mismo, habla de él (cf. Jn. 5,39), si está preñada de Cristo y si todo se resume en él, ¿podría ser de otro modo para el CEC, que, de las Escrituras mismas, quiere ser una exposición sistemática, elaborada a partir de la Tradición, bajo la guía del Magisterio?
En la Primera parte, dedicada a la fe, el CEC recuerda el gran principio de santo Tomás de Aquino según el cual "el acto de fe del creyente no se detiene ante el enunciado, sino que alcanza la realidad" (Fides non terminatur ad enunciabile sed ad rem)2. Ahora, ¿cuál es la realidad, la "cosa" última de la fe? ¡Dios, por supuesto! Pero no un dios cualquiera que cada uno se retrata a su gusto y voluntad, sino el Dios que se ha revelado en Cristo, que se "identifica" con él hasta el punto de poder decir: "El que me ha visto a mí, ha visto al Padre" y "A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre, él lo ha contado" (Jn. 1,18).
Cuando hablamos de fe "en Jesucristo" no separamos el Nuevo del Antiguo Testamento, no comenzamos la verdadera fe con la llegada de Cristo a la tierra. Si fuera así, sería como excluir del número de creyentes al mismo Abraham, a quien llamamos “nuestro padre en la fe” (cf. Rm. 4,16). Al identificar a su Padre con "el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob" (Mt. 22, 32) y con el Dios "de la ley y los profetas" (Mt. 22, 40), Jesús autentificó la fe judía, mostró su carácter profético, diciendo que ellos hablaban de él (cf. Lc. 24, 27.44; Jn. 5, 46). Esto es lo que hace a la fe judía diferente a los ojos de los cristianos, de cualquier otra fe, y que justifica la condición especial de que goza, después del Concilio Vaticano II, el diálogo con los judíos respecto a otras religiones.
2. Kerigma y Didaché
Al inicio de la Iglesia era clara la distinción entre kerigma y didaché. El kerigma, que Pablo llama también "el evangelio", se refería a la obra de Dios en Cristo Jesús, el misterio pascual de la muerte y resurrección, y consistía en fórmulas breves de fe, como la que se puede deducir del discurso de Pedro en el día de Pentecostés: "Ustedes lo mataron clavándole en la cruz, Dios le resucitó y lo ha constituído Señor" (cf. Hch. 2, 23-36), o también: "Porque, si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo" (Rm. 10,9).
La didaché indicaba, en cambio, la enseñanza sucesiva a la llegada de la fe, el desarrollo y la formación completa del creyente. Estaban convencidos (especialmente Pablo) que la fe, como tal, germinaba solo en presencia del kerigma. Este no era un resumen de la fe o una parte de la misma, sino la semilla de la cual nace todo lo demás. También los cuatro evangelios fueron escritos más tarde, precisamente con el fin de explicar el kerigma.
Incluso el más antiguo núcleo del credo hacía referencia a Cristo, de quien metía en luz el doble componente: humano y divino. Un ejemplo de ello es considerado el verso de la Carta a los Romanos que habla de Cristo "nacido del linaje de David según la carne, constituido Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por su resurrección de entre los muertos" (Rm. 1,3-4 ). Pronto este núcleo primitivo, o credo cristológico, fue incluido en un contexto más amplio como el segundo artículo del símbolo de la fe. Nacen, incluso por exigencias relativas al bautismo, los símbolos trinitarios llegados hasta nosotros.
Este proceso es parte de lo que Newman llama "el desarrollo de la doctrina cristiana"; es una riqueza, no un alejamiento de la fe original. Nos corresponde a nosotros hoy en día --y en primer lugar a los obispos, a los predicadores, a los catequistas--, distinguir el carácter "aparte" del kerigma como momento germinal de la fe.
En una ópera, para retomar la metáfora musical, está el recitado y el cantado; y en el cantado están los "agudos" que conmueven a la audiencia y provocan emociones fuertes, a veces incluso escalofríos. Ahora sabemos cuál es el agudo de cada catequesis.
Nuestra situación ha vuelto a ser la misma que en el tiempo de los apóstoles. Ellos tenían ante sí un mundo precristiano para predicar el evangelio; nosotros tenemos ante nosotros, al menos en cierta medida y en algunos sectores, un mundo poscristiano para reevangelizar. Tenemos que regresar a su método, sacar a la luz "la espada del Espíritu", que es el anuncio, en Espíritu y poder, de Cristo muerto por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación (cf. Rm. 4,25).
El kerigma no es solo el anuncio de algunos hechos o verdades de fe claramente definidas; es también una atmósfera espiritual que se puede crear según lo que se diga, un contexto en el que todo se dispone. Está en el que anuncia, mediante su fe, permitirle al Espíritu Santo crear esta atmósfera.
Entonces, nos preguntamos, ¿cuál es el sentido del CEC? Lo mismo que en la Iglesia apostólica fue la didaché: formar la fe, dándole un contenido, mostrando sus exigencias éticas y prácticas, volviéndola una fe que "actúa por la caridad" (cf. Ga. 5,6). Lo clarifica bien un párrafo del mismo CEC. Después de recordar el principio tomista de que "la fe no termina en las formulaciones, sino en la realidad", añade:
"Sin embargo, nos acercamos a estas realidades con la ayuda de las formulaciones de la fe. Estas permiten expresar y transmitir la fe, celebrarla en comunidad, asimilarla y vivir de ella cada vez más"3.
Esta es la importancia del adjetivo "católico" en el título del libro. La fuerza de algunas iglesias no católicas es poner todo el énfasis en el momento inicial, en la llegada a la fe, en la adhesión al kerigma y en la aceptación de Jesús como Señor, visto, todo esto, como un "nacer de nuevo", o como "una segunda conversión". Sin embargo, esto puede convertirse en una limitación, si se detiene en eso y todo sigue girando en torno a eso.
Nosotros los católicos tenemos algo que aprender de estas iglesias, pero también tenemos mucho que dar. En la Iglesia católica esto es el comienzo, no el final de la vida cristiana. Después de esa decisión, se abre el camino hacia el crecimiento y la plenitud de la vida cristiana y, gracias a su riqueza sacramental, al magisterio, al ejemplo de muchos santos, la Iglesia católica se encuentra en una posición privilegiada para llevar a los creyentes a la perfección de la vida de fe.
El papa escribe en la citada carta Porta Fidei:
"A partir de la Sagrada Escritura a los Padres de la Iglesia, de los maestros de la teología a los santos que han pasado a través de los siglos, el Catecismo ofrece una memoria permanente de las muchas maneras en que la Iglesia ha meditado sobre la fe y ha progresado en la doctrina para dar certeza a los creyentes en su vida de fe."
3. La unción de la fe
He hablado del kerigma como del "agudo" de la catequesis. Pero para producir este agudo no es suficiente levantar el tono de la voz, se necesita más. "Nadie puede decir '¡Jesús es Señor!' [¡esto es, por excelencia, el agudo!] sino en el Espíritu Santo" (1 Co. 15,3). El evangelista Juan hace una aplicación del tema de la unción, que se presenta particularmente actual en este Año de la fe. Él escribe:
"Ustedes tienen la unción del Santo, y todos ustedes lo saben [...] La unción que de él han recibido permanece en ustedes, y no necesitan que nadie se lo enseñe. Pero como su unción les enseña acerca de todas las cosas --y es verdadera y no es mentirosa--, como les ha enseñado, permanezcan en él" (1 Jn. 2, 20.27).
El autor de esta unción es el Espíritu Santo, como se deduce del hecho de que en otra parte, la función de "enseñar todas las cosas" es atribuida al Paráclito como "Espíritu de verdad" (Jn. 14, 26). Se trata, como escriben diferentes Padres, de una "unción de la fe": "La unción que viene del Santo –escribe Clemente de Alejandría--, se realiza en la fe"; "La unción es la fe en Cristo", dice otro escritor de la misma escuela4.
En su comentario, Agustín dirige en este sentido, una pregunta al evangelista. ¿Por qué, dice, has escrito tu carta, si aquellos a los que te dirigías habían recibido la unción que enseña acerca de todo, y no tenían necesidad de que nadie les instruyese? ¿Por qué este nuestro mismo hablar e instruir a los fieles? Y he aquí su respuesta, basada en el tema del maestro interior:
"El sonido de nuestras palabras golpea el oído, pero el verdadero maestro está dentro [...] Yo he hablado a todos, pero aquellos a los que no habla esa unción, a aquellos que el Espíritu no instruye internamente, se van sin haber aprendido nada [...] Por tanto, es el maestro interior el que realmente enseña; es Cristo, es su inspiración la que enseña."5
Hay una necesidad de instrucción desde fuera, necesitamos maestros; pero sus voces penetran en el corazón solo si se le añade aquella interior del Espíritu. "Y nosotros somos testigos de estos hechos, y también el Espíritu Santo que ha dado a los que le obedecen" (Hch. 5,32). Con estas palabras, pronunciadas ante el Sanedrín, el apóstol Pedro no solo afirma la necesidad del testimonio interno del Espíritu, sino también indica cuál es la condición para recibirlo: la voluntad de obedecer, de someterse a la Palabra.
Es la unción del Espíritu Santo que hace pasar de los enunciados de la fe a su realidad. El evangelista Juan habla de un creer que es también conocer: "Nosotros hemos conocido y hemos creído en el amor que Dios nos tiene" (1 Jn. 4,16). "Nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios" (Jn. 6, 69). "Conocer", en este caso, como en general en toda la Escritura, no significa lo que hoy significa para nosotros, es decir, tener la idea o el concepto de una cosa. Significa experimentar, entrar en relación con la cosa o con la persona. La afirmación de la Virgen: "Yo no conozco varón", no quería decir que no sé lo que es un hombre...
Fue un caso de evidente unción de fe lo que Pascal experimentó en la noche del 23 de noviembre de 1654 y que fijó con cortas frases exclamativas en un texto encontrado después de su muerte, cosido en el interior de su chaqueta:
"Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob, no de los filósofos ni eruditos. Certeza. Certeza. Sentimiento. Alegría. Paz. Dios de Jesucristo [...] Se le encuentra solamente en los caminos del Evangelio. [...] Alegría, alegría. Alegría, lágrimas de alegría. [...] Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y aquel a quien tú has enviado: Jesucristo".6
La unción de la fe se da generalmente cuando, sobre una palabra de Dios o sobre una declaración de fe, cae repentinamente la iluminación del Espíritu Santo, por lo general acompañado por una fuerte emoción. Me acuerdo que un año, en la fiesta de Cristo Rey, escuchaba en la primera lectura de la misa la profecía de Daniel sobre el Hijo del Hombre:
"Yo seguía mirando, y en la visión nocturna, vi venir sobre las nubes del cielo alguien parecido al Hijo del hombre, que se dirigió hacia el anciano y fue presentado ante él. Le dieron poder, honor y reino y todos los pueblos, naciones y lenguas le servían. Su poder es eterno y nunca pasará, y su reino no será destruido" (Dn. 7,13-14).
El Nuevo Testamento, se sabe, ha visto realizada la profecía de Daniel en Jesús; él mismo ante el Sanedrín, la hace suya (cf. Mt. 26, 64); una frase del texto ha entrado incluso en el Credo: “y su reino no tendrá fin”, ("cuius regnum non erit finis").
Yo sabía, por mis estudios, todo esto, pero en ese momento era otra cosa. Era como si la escena tuviera lugar allí, ante mis ojos. Sí, el Hijo del hombre que avanzaba era él, Jesús. Todas las dudas y las explicaciones alternativas de los eruditos, que también conocía, me parecían, en ese momento, excusas para no creer. Experimentaba, sin saberlo, la unción de la fe.
En otra ocasión (creo que he compartido ya esta experiencia en el pasado, pero ayuda a entender el asunto presente), asistía a la Misa de Gallo presidida por Juan Pablo II en San Pedro. Llegó el momento del canto de la Calenda, es decir, la proclamación solemne del nacimiento del Salvador, presente en el Martirologio antiguo y reintroducida en la liturgia de Navidad después del Concilio Vaticano II:
"Muchos siglos después de la creación del mundo... Trece siglos después del Éxodo de Egipto... En la centésima nonagésima quinta Olimpiada, en el año 752 de la fundación de Roma... En el quadragésimo segundo año del imperio de César Augusto, Jesucristo, Dios eterno e Hijo del eterno Padre, habiendo sido concebido por obra del Espíritu Santo, después de nueve meses, nació en Belén de Judea, de la Virgen María, hecho hombre".
Al llegar a estas últimas palabras sentí una repentina claridad interior, por lo que recuerdo haber dicho a mí mismo: "¡Es cierto! ¡Es verdad todo esto que se canta! No son solo palabras. El Eterno entra en el tiempo. El último evento de la serie rompió la serie; ha creado un "antes" y un "después" irreversibles; el cómputo del tiempo que antes tenía lugar en relación a diferentes eventos (los Juegos Olímpicos tales, el reino de aquel), ahora se lleva a cabo en relación con un evento único": antes de él, después de él. Una conmoción repentina me atravesó totalmente, y sólo pude decir: "¡Gracias, Santísima Trinidad, y también gracias a ti, Santa Madre de Dios!".
La unción del Espíritu Santo también produce un efecto, por así decirlo, "colateral" en el que anuncia: le hace experimentar la alegría de anunciar a Cristo y su Evangelio. Transforma la tarea de la evangelización de solo incumbencia y deber, a un honor y un motivo de gozo. Es la alegría que conoce bien el mensajero que lleva a una ciudad sitiada, el anuncio de que el asedio fue levantado; o el heraldo que en la antigüedad corría por delante, para llevarle a la gente el anuncio de una victoria decisiva obtenida en el campo de su propio ejército. La "buena noticia", incluso antes de que al destinatario que la recibe, hace feliz al que la porta.
La visión de Ezequiel del rollo que se come, ha sucedido una vez en la historia en el sentido literal y no solo metafóricamente. Fue cuando el libro de la palabra de Dios ha resumido en una sola Palabra, el Verbo. El Padre lo ha portado a María; María lo ha acogido, ha llenado de él, incluso físicamente, su vientre, y luego se lo dio al mundo. Ella es el modelo de todo evangelizador y de todo catequista. Nos enseña a llenarnos con Jesús para darlo a los otros. María concibió a Jesús "por obra del Espíritu Santo", y así debe ser en cada predicador.
El santo padre concluye su carta de convocatoria al Año de la fe con una referencia a la Virgen: "Confiamos, escribe, a la Madre de Dios, proclamada "bendita" porque" ha creído" (Lc. 1,45), este tiempo de gracia"7. Le pedimos que nos obtenga la gracia de experimentar, en este año, muchos momentos de unción de la fe. "Virgo Fidelis, ora pro nobis." Virgen creyente, ruega por nosotros.

Traducción del original italiano por José Antonio Varela V.
1 Benedicto XVI, Carta apost. Porta Fidei, n.11
2 S. Tomàs de Aquino, Summa theologiae, II-II, 1,2,ad 2; cit. in CCC, n.170.
3 CEC, n. 170
4 Clemente Al. Adumbrationes in 1 Johannis (PG 9, 737B); Homéliies paschales (SCh 36, p.40): testi citati da I. de la Potterie, L’unzione del cristiano con la fede, in Biblica 40, 1959, 12-69.
5 S. Agostino, Comentario a la Primera Carta de Juan 3,13 (PL 35, 2004 s).
6 B. Pascal, Memorial, ed. Brunschvicg.
7 “Porta fidei”, nr. 15.

lunes, 21 de mayo de 2012

Testimonio de María Vallejo-Nágera (II)

Hoy os propongo un vídeo en el que María Vallejo Nágera nos cuenta su experiencia de conversión. Esta charla es en un Centro Pastoral de Cáceres. Si no lo podéis ver de una sola vez porque es muy largo, vedlo en dos o tres veces, pero no os lo perdáis.

martes, 8 de mayo de 2012

Encuentro con Madre Teresa


En este mes de mayo, mes de María, una asidua lectora me ha hecho llegar la historia que os reproduzco a continuación:

JIM Castle estaba cansado cuando abordó el avión una noche de 1981.
Después de una semana llena de reuniones y seminarios, ahora descansaba tranquilo en su asiento agradecido de volver a casa: Kansas City .

Cuantos más pasajeros abordaban el avión, más se oía el murmullo de sus conversaciones mezcladas con el sonido de los equipajes de mano guardándose en los compartimientos.
De repente, un silencio...
Jim volvio su cabeza para ver qué pasaba. Se quedó boquiabierto.

Caminando por el pasillo, venían dos monjas vestidas en hábitos blancos con un borde azul. El reconoció esa cara a la primera mirada: piel arrugada, ojos cálidos. La misma cara que estaba en la portada de la revista TIME , y que siempre aparecía en las noticias de televisión.
Las dos monjas se detuvieron y Jim reconoció que su compañera de vuelo sería nadie más que la propia Madre Teresa.

En cuanto los pasajeros estuvieron acomodados, Madre Teresa y su compañera sacaron sus rosarios.
Cada decena de cuentas, tenía diferente color.
"Cada decena representa varias áreas del mundo" -le dijo,
"Rezo por los pobres y moribundos de cada continente" - añadió.

Comenzó el vuelo, las dos monjas comenzaron a rezar, dejando oír sólo murmullos. Aunque Jim no se consideraba católico practicante y asistir a la Iglesia no era su hábito, inexplicablemente se encontró envuelto en el rezo.

Cuando hubieron terminado, Madre Teresa se volvió hacia él. Por primera vez Jim entendió a qué se refiere la gente cuando hablan acerca de un 'aura'.
Una sensación de paz lo envolvió.

"¡Joven!" - le dijo
"¿Rezas El Rosario frecuentemente?"-preguntó
"No" - admitió.
Ella tomó la mano de Jim. Mirándolo a los ojos, sonrió: "Bueno, lo harás de ahora en adelante" - replicó, mientras dejaba caer su Rosario en la palma de la mano de Jim.

Una hora más tarde, en el aeropuerto de Kansas , describió a Ruth, su esposa, lo ocurrido y el por qué traía un Rosario en la mano.
"Es como encontrarse con una verdadera hermana de Dios" - decía.

Nueve meses mas tarde, visitaron a una amiga de hacía mucho tiempo: Connie.
Connie tenía cáncer en los ovarios.
"Voy a luchar, no me daré por vencida" -decía Connie cuando Jim recordó El Rosario que Madre Teresa le había dado.

Después de contar la historia le dijo Jim a Connie: "Quédatelo, puede que te sirva".
"Gracias, espero poder devolvértelo" - contestó Connie.

Pasó más de un año... Connie devolvió El Rosario.
"Lo mantuve conmigo todo el tiempo" -dijo
"El médico dijo que no sería fácil: he tenido cirugía, quimioterapia; pero el mes pasado, los médicos hicieron una segunda cirugía, y... ¡¡¡El tumor ha desaparecido!!!" - añadió.
"Por eso te regreso El Rosario" - dijo agradecida.

En el otoño de 1987, Liz -cuñada de Jim- cayó en una gran depresión después del divorcio. Le pidió prestado El Rosario a Jim.
Ella lo colgó en el respaldo de la cama y cuando se sentía deprimida, lo tomaba en sus manos, rezaba El Rosario y literalmente sentía que no estaba sola. "Era como si una mano me consolara" - dijo.

Gradualmente, Liz mejoró su vida, y devolvió El Rosario a Jim.
Entonces, una noche en 1988, una llamada de teléfono: Un amigo que tenía a su mamá en coma pedía prestado El Rosario.

Esta familia, tenía la esperanza que con este Rosario, su mamá pudiera morir en paz; y así fue: "La enfermera nos dijo que mi mamá oía, entonces le expliqué la historia de este Rosario y fue como si su semblante se relajara, lo sujetó todo el tiempo, hasta que minutos mas tarde, se nos fue" -explicó. 

¿Hay poderes especiales en esas cuentas?
¿o es el poder del rezo del Santo Rosario?

Madre Teresa llevaba consigo todo lo que poseía en una bolsita: El Rosario.
Trató de recordar lo que de veras cuenta: no es el dinero, ni títulos, o lo que poseamos. Es el amor que tenemos a los demás.

Pidamos al Señor que a traves de su Madre, La Virgen María, sean derramadas sobre nosotros abundantes bendiciones.

En la vida necesitamos ser fuertes y a traves de la Gracia de Dios, alcanzamos perseverancia.

Unámonos al rezo del Santo Rosario.
No solo pidamos por los pobres y los agonizantes, también por nuestros sacerdotes para que reciban la fuerza de predicar el Evangelio a nosotros, el pueblo.

viernes, 24 de febrero de 2012

Sor Vicky

En la noche de ayer acudimos a la Basílica de la Merced de Madrid. A las 19:30 rezamos el Santísimo Rosario (misterios luminosos) para a continuación ceder el micrófono a Sor Vicky.
Es una mujer menuda, un poco encorvada ya por el paso de los años. Bajo su velo asoma un poco de pelo blanco que no sé si son canas o el resplandor de la pureza que ella emana.
Antes de iniciar su charla, o meditación, o reflexión, o ... -la verdad es que no sé muy bien lo que ha sido, ni falta que hace saberlo- ella ha hecho una oración invocando al Espíritu Santo -quizás todo haya sido sólo una oración-. Ante mis propios ojos he visto -y escuchado- cómo entraba en una intimidad tal con el Espíritu Santo que sus palabras miraban hacia dentro de su Ser y del de todos los presentes para contemplar la obra de Dios en su Vida y en la nuestra. Ha pasado a hablar al Hijo y al Padre y, sin darse cuenta, estaba adorando a la Santísima Trinidad, contemplando los "ángeles" que nos custodian a cada uno de los presentes.
Ha invocado con fuerza a los Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael para que nuestras oraciones suban "rápido, como incienso" hasta el Padre.
Nos ha hablado sobre la CUARESMA como Tiempo de Gracia, Tiempo de Salvación, Tiempo Favorable.

Trataré de transcribir brevemente lo que yo percibí ayer de este encuentro con Sor Vicky:

Todas las Gracias que podamos recibir en este tiempo se desprenden de dos Sacramentos: la Confesión y la Eucaristía. Los sacramentos son la acción de Dios mismo que se revela a través de la Iglesia. Especialmente en este tiempo debemos acudir al Sacramento de la Confesión. Es posible que, en estos tiempos, tengamos más dudas y temor que nunca por todo lo que ha ocurrido recientemente con algunos pastores. Pero la Virgen María en uno de los últimos mensajes a Mirjana en Medjugorje le dijo: "No critiquen a los pastores, porque Dios los ha elegido para guiarles". Los pastores necesitan ser sostenidos por nuestro cariño. A veces decimos: Pero, si es un hombre como yo, pecador como yo... ¿Como voy a confesarle a él mis pecados? Es cierto que es un hombre, y que es pecador, pero ha sido ungido por Dios, sus manos fueron ungidas el día de su ordenación, como fué ungido el Rey David. Tiene un ministerio sacerdotal. Ha renunciado a mucho por un amor más grande.
En realidad, cuando nos acercamos al Sacramento del Perdón, ¿somos conscientes de que Dios nos va a absolver? Mejor aún, ¿tenemos plena conciencia de que fuimos perdonados hace 2.000 años? ¿Sabemos que es la sangre de Cristo -derramada una vez para siempre- la que nos ha sanado y purificado?
Con nuestros pecados nos hemos hecho daño a nosotros y a los demás, esto es verdad, pero más verdad aún es que Dios ha sacrificado a su único Hijo para que seamos perdonados.
Dice el profeta Isaías: Venid, pues, y disputemos -dice Yahveh-: Así fueren vuestros pecados como la grana, cual la nieve blanquerán. Y si fueren rojos como el carmesí, cual la lana quedarán. (Is 1, 18). Dios no ha dejado de amarnos ni un instante. Dice San Agustín: Más allá de vuestras miserias está el perdón de Dios. Cada vez que vamos al sacramento de la confesión, ¿somos conscientes de todo esto? Nuestros pecados quedan limpiados por la misericordia de Dios derramada en su sangre y hace que nuestra alma brille radiante con el resplandor de la Gloria de Dios, de su Gracia.
San Agustín también dice que Dios ama al pecador, no su pecado.
Dios, que nos ha perdonado, quiere retirar de nosotros el sentimiento de culpabilidad que tanto daño nos hace. Porque en el fondo de nuestro corazón no acabamos de sentirnos limpios ya que entendemos el perdón desde una perspectiva humana que no es la perspectiva de Dios. Tenemos que dejarnos limpiar hasta quedar más blancos que la nieve.
En el fondo no somos aquello que deseamos ser, pero Dios lo va transformando si le dejamos. Tenemos que dejarle porque Él es un caballero. Esto es muy sencillo sólo requiere de nuestra HUMILDAD.
La HUMILDAD es la llave que abre el corazón de Dios y la puerta es la ORACIÓN. Miremos el ejemplo de María Magadalena que se ha puesto a los pies de Cristo y se los ha lavado con sus lágrimas, enjugado con sus cabellos y luego los ha regado con perfumes. No ha ocultado su condición, no le ha importado que la vean. Ha reconocido a su hacedor, a Aquel a quien debe la Vida. Se ha humillado y nos ha mostrado el camino para acceder al corazón de Jesús que es la humildad. El Señor la ha reconocido, ha reconocido el Ser de hija de Dios, su ciudadanía del Cielo y la presencia de la Vida que Dios le ha transmitido. Porque esto es lo que somos: Hijos de Dios. Somos ciudadanos del Cielo, marcados por el Espíritu Santo para la salvación. Esto es lo que Cristo ha visto en María Magdalena y lo que ve en cada uno de nosotros. Él ve lo que en esencia queremos ser, para lo que hemos sido creados.

Al Sacramento de la Eucaristía venimos a llenarnos de la Paz de Cristo para salir "blancos como la nieve". Dios viene a borrar lo que en nosotros ha entristecido al Espíritu Santo. En la Eucaristía hay una parte de Liturgia de la Palabra en la que algo nos quiere decir Dios.
Durante esta cuaresma debemos ejercitarnos en practicar las tres virtudes teologales: FE, ESPERANZA y CARIDAD.
Dios quiere darnos un "baño de lejía" para blanquearnos, pero no lo va a hacer sin añadir "suavizante" que nos "esponje" el corazón que, poco a poco, se nos va endureciendo. ¡Poco creemos en esto! ¡Poco se ensancha nuestro corazón al escuchar esto!
Uno de los medios que Dios nos ha dado para ayudarnos a conseguir esto es la Palabra de Dios.
Dice San Pablo: Por lo demás, sabemos que en todas las cosas interviene Dios para bien de los que le aman, de aquellos que han sido llamados según su designio. (Rm 8, 28)
Uno de los grandes problemas es que nuestra soberbia nos impide dejarnos amar por Dios y por el otro.
La Virgen no se cansa de repetirlo: "Hijitos, sin mi amor no pueden vivir ni con Dios ni con el hermano". El camino de la salvación es el AMOR. Sólo el amor, nada más que el amor, únicamente el amor.
"Y la esperanza no falla, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que nos ha sido dado". Y ¿Cuándo nos ha sido dado este Espíritu Santo? El día de nuestro Bautismo. Dios nos ha comunicado su propia vida y nos la sigue comunicando cada instante, cada una de las 24 horas de cada día y el momento en que deje de hacerlo, dejaremos de existir.
Cada vez que nos sentimos mal por nuestros pecados, Dios no nos condena, sino que espera nuestro arrepentiemiento porque Él ya nos ha perdonado. Él nos mira como Padre y lo que ve es a su hijo.
"Oren y, a través de la oración, descubrirán el amor".
"Ustedes no han mostrado gratitud al Padre, ni le han dado Gloria...Mientras no amen, no llegarán a conocerlo a Él, porque Dios es amor. No tengáis miedo hijos míos."
"En el amor no hay temor".
"Pues estoy seguro de que ni la muerte ni la vida ni los ángeles ni los principados ni lo presente ni lo futuro ni las potestades ni la altura ni la profundidad ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro".  (Rm 8, 38-39).
¿Por qué temer entonces? Si nada nos podrá separar de su amor. Ahora que tantos falsos profetas nos hablan del fin del mundo, de las profecías mayas, de diciembre de 2012, etc. En el evangelio el mismo Jesús dice que "ni el Hijo sabe, sólo el Padre conoce el cuándo".
"Acepten a mi Hijo y habrán aceptado el amor".
No hay amor donde no hay fe.
No hay paz donde no hay amor.
En este tiempo difícil que nos toca vivir por la crisis económica tenemos que rezar por nuestros gobernantes, porque Dios suscite buenos líderes. En la epístola a Timoteo dice: "Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad." (1 Tm 2, 1-2). Esto no se consigue en unos días, sino siendo constantes en nuestra oración. ¿Cuánto tuvo que orar David por su hijo Salomón? Salomón se alejó de Dios y así le fue a su pueblo. En España, nuestros gobernantes y políticos se han alejado también de Dios y no hace falta mirar mucho para ver cómo estamos. La oración constante de David consiguió la sabiduría de Dios para su hijo Salomón. Imitemos al rey David en esta forma de orar. Sólo la ORACIÓN.
Seamos humildes y aceptemos que sin Jesús no podemos nada.
El Espíritu Santo está dentro de nosotros, el Espíritu de la Verdad. Pero nuestro cerebro es "lerdo para la fe".
"¿No sabéis que sois santuario de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?" (Rm 3, 16).
Esto es lo que nuestro cerebro, nuestra inteligencia, se resiste a creer, porque es lerdo. Él, el Espíritu de Dios, el Espíritu de la Verdad, el Espíritu Santo está en ti. No tienes necesidad de más imágenes, mira en tu interior, ahí habita Él, en toda su plenitud. No podemos seguir viviendo amargados día y noche sin aceptar esto, la ternura del amor de Dios que ha querido habitar en cada uno de nosotros.
Seamos activos en la oración y en el amor. Sin temor. "No os dejaré huérfanos".
Cada vez que volvemos del confesionario hay una gran fiesta en el cielo con todos sus ángeles porque un pecador se ha convertido (Lc 15, 10).
"Él sana a los de roto corazón, y venda sus heridas" (Sal 147, 3).
Ejercitemos nuestro lerdo corazón para creer que de los Sacramentos salimos limpios.
Hagamos un acto de fe y digamos: Yo creo que me amas.
"dado que eres precioso a mis ojos, eres estimado, y yo te amo." (Is 43, 4).
Hagamos un acto de esperanza y digamos: Yo se que me vas a ayudar.
"Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré" (Jn 14, 14).
"Confiadle todas vuestras preocupaciones, pues Él cuida de vosotros" (1P 5, 7).
Dios tiene un ansia grande de que le creamos, que oremos y le creamos.
Ejercitemos la fe, la esperanza y el amor.

Como habéis podido leer sólo son unas ideas encadenadas a raiz de unas notas rápidas. La verdad es que ha pasado una hora y media y nos hemos quedado con ganas de más, a pesar del frío de la noche madrileña.
A la salida nos hemos despedido de ella. Abrigada con su hábito ha abandonado la calle del General Moscardó, pero algo se ha dejado entre nosotros, una parte de su Ser, de su Vida, se ha derramado sobre cada uno de los allí presentes.
Gracias Sor Vicky.

lunes, 9 de enero de 2012

Preparación al matrimonio (II)

Hoy os propongo ver otro vídeo. El vídeo de hoy debería haberlo publicado antes del anterior, pero no he tenido acceso a él hasta hoy.
El orden debería haber sido otro, seguro, porque este vídeo que os presento hoy es el origen del vídeo que visteis el otro día. Para llegar a esa gran familia es necesario que haya un matrimonio, un matrimonio que haya decidido serlo libremente y que, libremente, se haya fiado de que Dios, su Padre, nunca falla. Esto no se aprende de pronto, sino que se va edificando poco a poco, durante el noviazgo. Poniendo en práctica todo lo que la familia, con la ayuda de la Iglesia, te ha transmitido desde la infancia.
También podría verse que el orden de los vídeos es el correcto y ver éste como una consecuencia del vídeo anterior, que también lo es.
Sea como sea, os invito a verlo en la situación en la que os encontréis: Si estáis enamorados, perfecto; os puede ayudar a tomar una decisión. Si ya estáis casados, perfecto; recordaréis muchas cosas y aprenderéis algunas. Si ya tenéis hijos mayores a los que tratáis de transmitir la fe y parece que no sirve de nada, perfecto; veréis que la semilla siempre acaba germinando. Y si no estáis enamorados, ¿A qué esperáis? Dejaos seducir por alguien o por Alguien.
Conozco a José Ramón y Pilar desde hace unos años. Hemos compartido algún tiempo la fe en la misma Comunidad Neocatecumenal. Les he visto enamorados, casados y padres. También les he visto sufrir por la pérdida de un hijo, pero nunca les he visto dudar de una cosa: Dios nos ama.
Os dejo con ellos. Gracias José Ramón, Pilar e Inma. Que Dios os bendiga y la Virgen os abrace.

sábado, 31 de diciembre de 2011

¡FELIZ AÑO NUEVO!

Casi todos en estas fechas nos deseamos un ¡FELIZ AÑO NUEVO! Antes de esto yo creo que es bueno dar gracias por todo lo recibido en el año que se acaba.
En primer lugar por haber tenido la dicha de vivirlo, con sus alegrías y sus penas, pero hemos vivido todos sus días. A lo largo del año, es muy probable que nuestras familias hayan aumentado con nuevos miembros, aunque también es posible que algunos nos hayan dejado. Es bueno recordar a todos en estos momentos.

También es tiempo de hacer balance y, en nuestro caso, el saldo es deudor hacia el Señor porque han sido tantas las Gracias que hemos recibido en este último año... De algunas de ellas os he hecho partícipes a través de este blog, de otras no puedo por pertenecer al ámbito de lo privado y algunas, muchas, no caben en este pequeño espacio o, simplemente, no las recuerdo ahora.

Para nosotros este año que se va empezó un poco antes con la alegre noticia del reconocimiento como nuevo Instituto Religioso de Vida Consagrada de Derecho Pontificio a Iesu Communio. Esto sucedía el 8 de diciembre de 2010, pero como la celebración solemne fue el 12 de febrero de 2011 en la Catedral de Burgos, lo contamos como parte de este año.

La Nochevieja anterior no la pasamos aquí, sino en Medjugorje. Ahora que ha pasado un año vienen a nuestra mente los recuerdos de aquellos cinco días. Fue un viaje estupendo, un reducido grupo de amigos entre aviones y furgonetas de alquiler. Pasamos frío, mucho frío, pero mereció la pena. Un auténtico regalo de la Madre para toda nuestra familia.

En marzo nuestra hija Rut daba el paso al Noviciado en Iesu Communio. Después de algo más de un año como postulante comenzaba su iniciación a la vida consagrada. Una bendición de Dios, sin duda, para ella y para toda nuestra casa.

A primeros de mayo era la beatificación del Papa Juan Pablo II y nos embarcamos (nunca mejor dicho) en una aventura poco apta para nuestras edades para estar presentes en la Plaza de San Pedro en tan importante acontecimiento para la Iglesia. De nuevo un pequeño grupo de amigos en furgonetas de alquiler y ferry. Con la gozosa compañía del obispo de San Sebastián durante la travesía por el Mediterráneo. Fueron tres días de hacer kilómetros, sin apenas dormir, pero mereció la pena. Un grandísimo regalo de Dios, poder vivirlo en directo y en comunión con toda la Iglesia.

En agosto volvimos a viajar a Medjugorje, de este viaje ya os he contado bastantes cosas en otros post. Y a la vuelta, la JMJ. El Papa venía a casa. ¡Cuánto bien ha hecho esta JMJ! Tuvimos el privilegio de ser voluntarios, perdiendo tiempo, horas de sueño y hasta algún dinerillo por el buen fin de este evento. Fué mucho más lo que recibimos que lo que perdimos.

En Octubre, de nuevo a Roma. Esta vez para acompañar a la Madre Verónica al Vaticano. Un viaje relámpago en el que compartir mucho con otros padres y familiares de las Hermanas. Toda una dicha de comunión eclesial, de comunión en Jesús.

Y entretanto, miles de bendiciones, siempre a través de la Iglesia. Y es en la Iglesia donde crecemos, afirmando nuestra fe sobre la roca que es Cristo. Porque este año nos ha enseñado la grandeza de esa Iglesia, con sus múltiples carismas, que está viva, que el Espíritu Santo sigue soplando fuerte en medio de ella. Que la mano del Creador no se ha secado y su corazón sigue irradiando Amor sin parar, que cada vez que caemos su Hijo está dispuesto a derramar hasta la última gota de su sangre para levantarnos. Y todo GRATIS, sin merecerlo.

Desde luego que ha sido un año muy feliz, estoy convencido de que el próximo será mucho mejor, porque Dios es fiel y "no abandona la obra de su mano" hasta "terminar lo comenzado".

Por eso también os deseo un ¡FELIZ AÑO NUEVO!

Que Dios os bendiga y la Virgen os abrace.

jueves, 22 de diciembre de 2011

¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

Este post es para desearos a todos FELIZ NAVIDAD.
La imagen corresponde a la tarjeta con la que nos ha felicitado nuestra hija Rut.
Representa las manos del Padre, en las que nace el Hijo, de la Virgen María.
Hay muchos detalles en la imagen que me encantan. En primer lugar el texto: "En comunión, hágase tu voluntad". Es ahí donde es posible hacer la voluntad del Padre, en comunión, en la comunión de Jesús, en la comunión en Jesús. Porque la voluntad de Dios es que "todos seamos uno".
El color azul de toda la tarjeta es el color de María. También es el color que domina el hábito de las Iesu Communio, como el cielo.
María da a luz a su Hijo en las manos del Padre y toda la luz viene del niño.
Solamente San José aparece con los pies en el suelo, apoyado en las manos del Padre, custodiando la entrada, mirando al Hijo y con la mano apoyada en su pecho.
Pero lo que más me gusta es el texto que, por detrás, nos escribe nuestra hija. A continuación os pongo algunas ideas sacadas del mismo:

Nosotros también somos parte de esta imagen, pues estamos en sus manos y Él quiere nacer en nosotros, en realidad ya está naciendo. El momento es un "ya sí, pero todavía no". Está en las entrañas de la Virgen y, a la vez, aún está por nacer.
Al igual que a cada uno de nosotros, Él nos quiere "habitados", no vacíos.

Mi deseo para todos vosotros es que dejemos que Jesús venga a nosotros, en nuestro ser, en nuestras particulares debilidades, en nuestra manera de pensar, de querer, de sentir, de escuchar, de mirar, de acoger, de hacer las cosas.
Es ahí donde Él quiere nacer...

martes, 13 de diciembre de 2011

Estad siempre alegres

El pasado domingo celebramos el domingo "GAUDETE". Este domingo se llama así por la primera palabra del introito de la misa "GAUDETE", es decir: ALEGRAOS.

Toda la liturgia de la Palabra del pasado domingo nos habla de la cercanía ya de la venida del Señor. Este es el motivo por el que se nos invita a la alegría. Sobre todo la segunda lectura de la 1ª Epístola a los Tesalonicenses lo decía de manera muy explícita: "Estad siempre alegres".

Ante este imperativo del apóstol de los gentiles ¿cuál es nuestra respuesta? Desde luego que no es la obediencia ciega a tal mandato y para constatarlo sólo hace falta mirarnos en el espejo, para no señalar a nadie.

¡Qué difícil es lo que manda San Pablo! "siempre alegres". Pero... ¿siempre, siempre? Dicen los santos que un cristiano triste es un triste cristiano. A todos nos resulta fácil exponer los motivos y las causas de nuestra tristeza, algunos muy fundamentados. Es complicado estar siempre alegres si sólo nos miramos a nosotros mismos y nuestros problemas y dificultades. Apoyados sólo en nuestras fuerzas podemos muy poco o casi nada.

La carta a los Tesalonicenses nos da una primera ayuda, imprescindible: Sed constantes en orar. Y ¿cómo se mide esa constancia en la oración? Para ello he acudido al diccionario que, a falta de otra iluminación, suele dar buenas respuestas. La definición hace relación a la perseverancia y también habla de una duración permanente y de mantener la gracia hasta el final. Y si perseveramos en la oración ¿desaparecen esos problemas y las dificultades que nos llevan a la tristeza? Pues, posiblemente no; pero se ven desde otra perspectiva distinta porque el trato directo con el Padre te enseña que todo está bien hecho aunque no esté  hecho como a ti te gustaría. Que nada ocurre por casualidad y que Dios hasta de un mal aparente puede sacar un bien. ¿Cuánto tiempo debemos orar? constantemente nos dice San Pablo.

La segunda ayuda que nos da el apóstol es: En toda ocasión tened la Acción de Gracias. Esta es la definición de la Eucaristía: Acción de Gracias. No es suficiente con la oración, es necesaria también la Eucaristía. ¿Con qué frecuencia? pues San Pablo lo dice también muy claro: en toda ocasión. Porque es imposible que la presencia real de Él dentro de nosotros no nos transforme por completo. Si realmente creemos esto y lo practicamos resulta más fácil la alegría.

Ésta es la voluntad de Dios en Cristo Jesús para cada uno de vosotros. No se acaban aquí las facilidades que el Señor nos da para llegar a esa alegría. También nos ha dejado a una mediadora extraordinaria que es nuestra Madre, la Virgen María. De ella decimos en las letanías lauretanas del Santo Rosario que es causa de nuestra alegría.
Que ella nos ayude a perseverar en la oración y acudir a la Eucaristía en toda ocasión.

lunes, 21 de noviembre de 2011

La Presentación de la Santísima Virgen

En este día, en que se recuerda la dedicación, el año 543, de la iglesia de Santa María la Nueva, construida cerca del templo de Jerusalén. celebramos, junto con los cristianos de la Iglesia oriental, la "dedicación" que María hizo de sí misma a Dios, ya desde su infancia, movida por el Espíritu Santo, de cuya gracia estaba llena desde su concepción inmaculada.


Oficio de Lectura, 21 de Noviembre
La Presentación de la Santísima Virgen
Dio fe al mensaje divino y concibió por su fe
De los sermones de san Agustín, obispo (Sermón 25, 7-8: PL 46, 937-938)


Os pido que atendáis a lo que dijo Cristo, el Señor, extendiendo la mano sobre sus discípulos: Éstos son mi madre y mis hermanos. el que cumple la voluntad de mi Padre, que me ha enviado, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre. ¿Por ventura no cumplió la voluntad del Padre la Virgen María, ella, que dio fe al mensaje divino, que concibió por su fe, que fue elegida para que de ella naciera entre los hombres el que había de ser nuestra salvación, que fue creada por Cristo antes que Cristo fuera creado en ella?

Ciertamente, cumplió santa María, con toda perfección, la voluntad del Padre y, por esto, es más importante su condición de discípula de Cristo que la de madre de Cristo, es más dichosa por ser discípula de Cristo que por ser madre de Cristo. Por esto, María fue bienaventurada, porque, antes de dar a luz a su maestro, lo llevó en su seno.

Mira si no es tal como digo. Pasando el Señor, seguido de las multitudes y realizando milagros, dijo una mujer: Dichoso el vientre que te llevó. Y el Señor, para enseñarnos que no hay que buscar la felicidad en las realidades de orden material, ¿qué es lo que respondió?: Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. De ahí que María es dichosa también porque escuchó la palabra de Dios y la cumplió; llevó en su seno el cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo. Cristo es la verdad, Cristo tuvo un cuerpo: en la mente de María estuvo Cristo, la verdad; en su seno estuvo Cristo hecho carne, un cuerpo. Y es más importante lo que está en la mente que lo que lleva en el seno.


María fue santa, María fue dichosa, pero más importante es la Iglesia que la misma Virgen María. ¿En qué sentido? En cuanto que María es parte de la Iglesia, un miembro santo, un miembro excelente, un miembro supereminente, pero un miembro de la totalidad del cuerpo. Ella es parte de la totalidad del cuerpo, y el cuerpo entero es más que uno de sus miembros. La cabeza de este cuerpo es el Señor, y el Cristo total lo constituyen la cabeza y el cuerpo. ¿Qué más diremos? Tenemos, en el cuerpo de la Iglesia, una cabeza divina, tenemos al mismo Dios por cabeza.

Por tanto, amadísimos hermanos, atended a vosotros mismos: también vosotros sois miembros de Cristo, cuerpo de Cristo. Así lo afirma el Señor, de manera equivalente, cuando dice: Estos son mi madre y mis hermanos. ¿Cómo seréis madre de Cristo? El que escucha y cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre. Podemos entender lo que significa aquí el calificativo que nos da Cristo de "hermanos" y "hermanas": la herencia celestial es única, y, por tanto, Cristo, que siendo único no quiso estar solo, quiso que fuéramos herederos del Padre y coherederos suyos.

Oración
Te rogamos, Señor, que a cuantos hoy honramos la gloriosa memoria de la santísima Virgen María, nos concedas, por su intercesión, participar, como ella, de la plenitud de tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Fin de semana "romántico"

Hemos pasado este fin de semana en una finca de la provincia de Guadalajara, rodeados de encinas, junto con otros matrimonios y amigos. Ha habido "niñeras" para los niños. Cena romántica a la luz de las velas, música de vals para bailar. Momentos de intimidad para hablar de lo mucho que nos queremos. Paseos contemplando los lindos paisajes y la fauna del entorno. Lejos del mundanal ruido.
Contado así, podría ser un anuncio de agencia de viajes bastante tentador. Nada de lo anterior es falso, todo es verdad, pero no ha sido eso: ¡Ha sido mucho mejor que todo eso!

Cuando hace unas semanas nos propusieron acudir a un "Encuentro Guadalupano" nos apuntamos sin pensarlo dos veces. Nos habían hablado de ellos y nos parecía interesante. Intentamos vaciar nuestra mente de estereotipos previos y acudimos a dejarnos sorprender. Es posible que este punto de partida, como en tantas cosas, sea fundamental.
Han sido dos días intensos, cargados de Gracia de Dios para todos los asistentes. Algunas de esas "gracias" ya empiezan a fructificar y otras, seguro, lo irán haciendo con el paso del tiempo.
El tema central ha sido la "Vocación al Amor". No quiero entrar en detalles sobre los distintos contenidos de las charlas que tan maravillosamente nos han dado las Hermanas Guadalupanas. Solamente incidiré en lo que, a mi juicio, ha sido esencial durante todo el encuentro: la presencia real de Cristo en medio de nosotros.
Comenzamos el encuentro con una adoración al Santísimo Sacramento que ha presidido, en la capilla, casi todas las horas. Hemos celebrado la Eucaristía el sábado y el domingo. Hemos rezado juntos, en familia o solos. Hemos leído la Palabra de Dios. Hemos compartido experiencias. Hemos jugado con nuestros hijos y nos hemos divertido.
También ha habido momentos románticos especiales para los matrimonios y otros momentos -no menos especiales- para aquellos que se sienten llamados al matrimonio.

Ha sido estupenda la "cita romántica" a las tres de la madrugada, en la capilla, mi mujer y yo solos con Él. Una hora de silencio, escuchándole sólo a Él, solos los dos con Él. Fue tan maravilloso que repetimos la segunda noche.
¡Cuánto se aprende una hora ante el Señor! En el silencio, cogidos de la mano y mirándole a Él. Viendo nuestra pequeñez, que sin él no somos nada y que todo lo que somos es gracias a Él.

En este tiempo en que surgen tantos problemas en los matrimonios: separaciones, divorcios, familias desestructuradas... Tanto sufrimiento... Creo que hemos perdido de vista lo esencial del sacramento que hemos recibido, el Amor. Para que podamos amarnos hay que dejar que Él que es Amor habite en medio de nuestra unión.
La Iglesia nos enseña cómo vivir la sexualidad en el matrimonio y nos habla de que todo acto sexual debe ser "unitivo" y "creativo". No creo corregir al Magisterio de la Iglesia si me atrevo a decir que no sólo los actos sexuales, sino que todo acto realizado en el matrimonio debe tener su aspecto unitivo y su aspecto creativo. ¿Qué quiero decir? Que en el matrimonio tenemos que aprender a hacer las cosas juntos, unidos, en comunión. Desde los más pequeños detalles: pasear, ir de compras, ver una película, tomar un café, ver el partido de fútbol, hacer la comida o cambiar pañales. ¿Y esto es creativo? Por supuesto que sí, creativo en el sentido de que engendra nueva vida en cada uno de los cónyuges, porque existe la donación, es decir, tienes que perder un poco de ti para acompañar a tu mujer de compras o ella tiene que perder un poco de sí  para sentarse a ver el partido contigo.
Estoy convencido de que esta forma de vida facilita también vivir la sexualidad bajo esos dos aspectos: unitivo y creativo. No creo que sea fácil, ni mucho menos, pero a nosotros estas dos "citas románticas" a las 3,00 AM nos han ayudado bastante.
El domingo, durante la Eucaristía hemos renovado las promesas matrimoniales, con las manos entrelazadas sosteniendo un crucifijo y un rosario. ¡Qué importante es esto! Tener siempre presente que Cristo ha vencido a la muerte, que ha pagado ya por nuestras culpas, que todos nuestros pecados están perdonados en la cruz y que no se ha quedado ahí, sino que Dios lo ha resucitado, que la muerte ha sido vencida.
Y la Virgen María, siempre atenta a nuestras necesidades. Auténtica Madre que nos cuida y nos protege.

sábado, 1 de octubre de 2011

1 de octubre. Santa Teresa del Niño Jesús.

SANTA TERESA DEL NIÑO JESÚS.Nació en Alençon (Francia), el año 1873. Siendo aún muy joven, ingresó en el monasterio de carmelitas de Lisieux, ejercitándose sobre todo en la humildad, la sencillez evangélica y la confianza en Dios, virtudes que se esforzó en inculcar, de palabra y de obra, en las novicias. Murió el día 30 de septiembre del año 1897, ofreciendo su vida por la salvación de las almas y por el incremento de la Iglesia.


SEGUNDA LECTURA

De la Narración de la vida de santa Teresa del Niño Jesús, virgen, escrita por ella misma
(« Manuscrits autobiographiques», Lisieux 1957, 227-229)

EN El CORAZÓN DE LA IGLESIA, YO SERÉ EL AMOR 


Teniendo un deseo inmenso del martirio, acudí a las cartas de san Pablo, para tratar de hallar una respuesta. Mis ojos dieron casualmente con los capítulos doce y trece de la primera carta a los Corintios, y en el primero de ellos leí que no todos pueden ser al mismo tiempo apóstoles, profetas y doctores, que la Iglesia consta de diversos miembros y que el ojo no puede ser al mismo tiempo mano. Una respuesta bien clara, ciertamente, pero no suficiente para satisfacer mis deseos y darme la paz.


Continué leyendo sin desanimarme, y encontré esta consoladora exhortación: Aspirad a los dones más excelentes; yo quiero mostraros un camino todavía mucho mejor. El Apóstol, en efecto, hace notar cómo los mayores dones sin la caridad no son nada y cómo esta misma caridad es el mejor camino para llegar a Dios de un modo seguro. Por fin había hallado la tranquilidad.

Al contemplar el cuerpo místico de la Iglesia, no me había reconocido a mi misma en ninguno de los miembros que san Pablo enumera, sino que lo que yo deseaba era más bien verme en todos ellos. En la caridad descubrí el quicio de mi vocación. Entendí que la Iglesia tiene un cuerpo resultante de la unión de varios miembros, pero que en este cuerpo no falta el más necesario y noble de ellos: entendí que la Iglesia tiene un corazón y que este corazón está ardiendo en amor. Entendí que sólo el amor es el que impulsa a obrar a los miembros de la Iglesia y que, si faltase este amor, ni los apóstoles anunciarían ya el Evangelio, ni los mártires derramarían su sangre. Reconocí claramente y me convencí de que el amor encierra en sí todas las vocaciones, que el amor lo es todo, que abarca todos los tiempos y lugares, en una palabra, que el amor es eterno.


Entonces, llena de una alegría desbordante, exclamé:«Oh Jesús, amor mío, por fin he encontrado mi vocación: mi vocación es el amor. Sí, he hallado mi propio lugar en la Iglesia, y este lugar es el que tú me has señalado, Dios mío. En el corazón de la Iglesia, que es mi madre, yo seré el amor; de este modo lo seré todo y mi deseo se verá colmado.»

RESPONSORIO Cf. Sal 20,4; cf. Jb 31, 18; cf. Ef 3, 18; Sal 30, 20 
R. Te adelantaste, Señor, a bendecirme con tu amor, el cual fue creciendo conmigo desde mi infancia; * y aun ahora no alcanzo a comprender la profundidad de tu amor. 
V. ¡Qué bondad tan grande, Señor, reservas para tus fieles! 
R. y aun ahora no alcanzo a comprender la profundidad de tu amor.


ORACIÓN.


OREMOS,
Dios y Padre nuestro, que abres las puertas de tu reino a los pequeños y a los humildes, haz que sigamos confiadamente el camino de sencillez que siguió santa Teresa del Niño Jesús, para que, por su intercesión, también nosotros lleguemos a descubrir aquella gloria que permanece escondida a los sabios y a los prudentes según el mundo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén

jueves, 29 de septiembre de 2011

Santos Arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael

SEGUNDA LECTURA
De las Homilías de san Gregorio Magno, papa, sobre los Evangelios
(Homilía 34, 8-9: PL 76, 1250-1251)

EL NOMBRE DE «ÁNGEL» DESIGNA LA FUNCIÓN, NO EL SER

Hay que saber que el nombre de «ángel» designa la función, no el ser, del que lo lleva. En efecto, aquellos santos espíritus de la patria celestial son siempre espíritus, pero no siempre pueden ser llamados ángeles, ya que solamente lo son cuando ejercen su oficio de mensajeros. Los que transmiten mensajes de menor importancia se llaman ángeles, los que anuncian cosas de gran trascendencia se llaman arcángeles.

Por esto a la Virgen María no le fue enviado un ángel cualquiera, sino el arcángel Gabriel, ya que un mensaje de tal trascendencia requería que fuese transmitido por un ángel de la máxima categoría.
Por la misma razón se les atribuyen también nombres personales, que designan cuál es su actuación propia. Porque en aquella ciudad santa, allí donde la visión del Dios omnipotente da un conocimiento perfecto de todo, no son necesarios estos nombres propios para conocer a las personas, pero sí lo son para nosotros, ya que a través de estos nombres conocemos cuál es la misión específica para la cual nos son enviados. Y, así, «Miguel» significa: «¿Quién como Dios?», «Gabriel» significa: «Fortaleza de Dios» y «Rafael» significa: «Medicina de Dios».
Por esto, cuando se trata de alguna misión que requiera un poder especial, es enviado Miguel, dando a entender por su actuación y por su nombre que nadie puede hacer lo que sólo Dios puede hacer. De ahí que aquel antiguo enemigo, que por su soberbia pretendió igualarse a Dios, diciendo: Escalaré los cielos, por encima de los astros divinos levantaré mi trono, me igualaré al Altísimo, nos es mostrado luchando contra el arcángel Miguel, cuando al fin del mundo será desposeído de su poder y destinado al extremo suplicio, como nos lo presenta Juan: Se entabló una batalla con el arcángel Miguel.
A María le fue enviado Gabriel, cuyo nombre significa: «Fortaleza de Dios», porque venía a anunciar a aquel que, a pesar de su apariencia humilde, había de reducir a los Principados y Potestades. Era, pues, natural que aquel que es la fortaleza de Dios anunciara la venida del que es el Señor de los ejércitos y héroe en las batallas.
«Rafael» significa, como dijimos: «Medicina de Dios»; este nombre le viene del hecho de haber curado a Tobías, cuando, tocándole los ojos con sus manos, lo libró de las tinieblas de su ceguera. Si, pues, había sido enviado a curar, con razón es llamado «Medicina de Dios».

RESPONSORIO Ap 8, 3. 4; Dn 7, 10
R. El ángel se puso en pie junto al altar, con un incensario de oro. Y se le dio gran cantidad de incienso; * Y el humo del incienso subió a la presencia de Dios, de mano del ángel.
V. Miles de millares le servían, miríadas de miríadas estaban en pie delante de él.
R. Y el humo del incienso subió a la presencia de Dios, de mano del ángel.