Mostrando entradas con la etiqueta Obispo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Obispo. Mostrar todas las entradas

jueves, 31 de enero de 2013

La vida consagrada en el Año de la Fe.

Signo vivo de la presencia de Cristo resucitado en el mundo (Benedicto XVI. Porta Fidei, 15).


El día 2 de febrero es la fiesta de la Presentación del Señor en el Templo de Jerusalén (cf. Lc 2, 22-40), conmemoración litúrgica popularmente llamada la candelaria.  
Desde el año 1997, por iniciativa del beato Juan Pablo II, se celebra ese día la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, y los consagrados, con su modo carismático de vivir el seguimiento de Jesucristo, son puestos en el candelero de la Iglesia para que, brillando en ellos la luz del Evangelio, alumbren a todos los hombres y estos den gloria al Padre que está en los cielos (cf. Mt 5,16). 
En el presente Año de la fe convocado por el papa Benedicto XVI, la vida consagrada, en sus múltiples formas, aparece ante nuestros ojos como un signo de la presencia de Cristo resucitado en el mundo, expresión tomada de la carta apostólica Porta fidei (n. 15) y lema de dicha Jornada. 
¿Qué significa que los consagrados son un signo para el mundo de la presencia de Cristo resucitado en medio de nosotros? El apóstol san Pablo puede darnos lo clave interpretativa de dicha afirmación al confesar: "Mi vida de ahora en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí". (Gál 2, 20). Los consagrados viven esta fe existencial, una fe que nace del encuentro con Dios en Jesucristo, de su amor, de la confianza en su persona, hasta involucrar la vida entera. "La fe no es un mero asentimiento intelectual del hombre frente a las verdades en particular sobre Dios; es un acto por el cual me confío libremente a un Dios que es Padre y  me ama; es la adhesión a un Tú que me da esperanza y confianza. [...]Dios se ha revelado a nosotros en Cristo, ha revelado que su amor por cada uno de nosotros es sin medida: en la cruz, Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios hecho hombre, nos muestra del modo más luminoso a qué grado llega este amor, hasta darse a sí mismo, hasta el sacrificio total. Con el misterio de la muerte y Resurrección de Cristo, Dios desciende hasta el fondo de nuestra humanidad para elevarla. La fe es creer en este amor de Dios [...], un amor indestructible que no solo aspira a la eternidad, sino que la da" 
Los religiosos y religiosas, las vírgenes consagradas, los miembros de los institutos seculares y las sociedades de vida apostólica, los monjes y monjas de vida contemplativa, y todos cuantos han sido llamados a una nueva forma de consagración, hacen del misterio pascual la razón misma de su ser y su quehacer en la Iglesia y para el mundo. 
Ellos y ellas, con su vida y misión, son en esta sociedad tantas veces desierta de amor, signo vivo de la ternura de Dios. Nacidos de la Pascua, ellos y ellas, por el Espíritu de Cristo resucitado, pueden entregarse sin reservas a los hermanos y a todos los hombres, niños, jóvenes, adultos y ancianos, por el ejercicio de la caridad, en las escuelas y hospitales, en los geriátricos y en las cárceles, en las parroquias y en los claustros, en las ciudades y en los pueblos, en las universidades y en los asilos, en los lugares de frontera y en lo más oculto de las celdas. 
El papa Benedicto XVI, al convocar el Año de la fe, ha querido que "la Iglesia renueve el entusiasmo de creer en Jesucristo, único Salvador del mundo; reavive la alegría de caminar por el camino que nos ha indicado; y testimonie de modo concreto la fuerza transformadora de la fe [...] a través del anuncio de la Palabra, la celebración de los sacramentos y las obras de caridad". Y asimismo lo quiere para todos nuestros hermanos y hermanas de la vida consagrada. Tenemos ante nosotros, pues, un magnífico programa para este Año de la fe: renovar con entusiasmo la consagración, reavivar con alegría la comunión, testimoniar a Cristo resucitado en la misión evangelizadora.  
+ Vicente Jiménez Zamora 
Obispo de Santander  
Presidente de la CEVC 

Algunos enlaces de interés:

miércoles, 16 de mayo de 2012

Querido Obispo

El Excmo. Ayuntamiento de Alcalá de Henares aprobó ayer por mayoría una moción presentada por su concejal D. Ricardo Rubio de U.P.y D. La moción fue aprobada con los votos en contra del Partido Popular.
En esta moción se pide el traslado de Monseñor D. Juan Antonio Reig Plá, actual obispo de la diócesis complutense. El edil de Unión, Progreso y Democracia (fíjense bien en las tres palabras que dan nombre a este partido político) ha justificado la presentación de dicha moción por "el sentido común" y porque el obispo, lejos de retractarse de sus "homófobas palabras" sigue en la misma línea.
UPyD también ha anunciado que no asistirá a ningún acto al que acuda el obispo.

Dª Pilar Fernández, portavoz de Izquierda Unida ha dicho que "para que individuos de esta calaña no digan estas cosas desde su púlpito, no tenemos ningún problema en votar a favor de la moción".
El portavoz socialista, D. Javier Rodríguez ha añadido que "ahora hay aún más motivos que hace un mes para reprobar al obispo".
La reacción del obispado, la podéis leer en el comunicado que emitió ayer.
Es posible que alguno de vosotros, queridos lectores, desconozca el origen de todo esto. Por eso os propongo que veáis el vídeo de la retransmisión de la misa que RTVE emitió el pasado Viernes Santo. En la homilía de aquella celebración, Mons. Reig Plá habló sobre la Cruz, sobre la Pasión del Señor, sobre nuestra ingratitud ante tanto amor, sobre el sufrimiento, sobre el pecado, sobre la destrucción a la que nos lleva dicho pecado. Puso ejemplos, muchos ejemplos: adulterios, drogas, alcohol, abusos empresariales, explotación laboral, robos, codicia, prostitución, avaricia y -aquí está el meollo- HOMOSEXUALIDAD.
Molestó mucho la expresión "Os aseguro que encuentran el infierno" al referirse a los jóvenes que, confundidos por una mala formación sexual, acaban prostituyéndose en locales homosexuales.
No he visto aún ningún escrito de los promotores de botellones sintiéndose ofendidos por las palabras del obispo, tampoco he oído a empresarios gritando contra el discurso del obispo sobre la explotación de los trabajadores, ni a los sindicatos manifestándose por las duras palabras contra los trabajadores que roban en sus puestos de trabajo.
Tampoco hay comunicados en contra de la "Asociación de mangantes de supermercado" ni de la de "Nuevos ascendidos gracias a favores sexuales", etc. Así podría proseguir poniendo multitud de ejemplos, porque D. Juan Antonio fue muy explícito y rico en su homilía a la hora de exponer la multitud de engaños y tentaciones con las que el demonio nos seduce cada día.
Pero ha sido uno sólo de esos ejemplos el que ha provocado las iras de muchísima gente. Creo que muy pocos de los que lo critican se han parado a leer o escuchar la homilía. No es este mi caso. La he leído y/o visto varias veces y cuanto más la leo/miro más me maravilla la claridad y la valentía con la que Mons. Reig Plá expone las cosas. Además, sin papeles delante, lo que indica que habla de lo que sabe, de lo que siente y de lo que Dios le ilumina, no de lo que tiene escrito en un papel.
¿Por qué sólo uno de los ejemplos ha molestado? Quizás el prelado ha tocado un sector "intocable"...
Yo os invito a que veáis el vídeo al que os he enlazado más arriba, sobre todo la parte de la homilía, a partir del minuto 29 aproximadamente y juzguéis por vosotros mismos.
Y como dice el comunicado del obispado, al que también os he enlazado, que recéis por nuestro Obispo y también por aquellos que le persiguen. Mi oración la tienen ambos. Muchas gracias D. Juan Antonio y MUCHO ÁNIMO.

sábado, 31 de diciembre de 2011

¡FELIZ AÑO NUEVO!

Casi todos en estas fechas nos deseamos un ¡FELIZ AÑO NUEVO! Antes de esto yo creo que es bueno dar gracias por todo lo recibido en el año que se acaba.
En primer lugar por haber tenido la dicha de vivirlo, con sus alegrías y sus penas, pero hemos vivido todos sus días. A lo largo del año, es muy probable que nuestras familias hayan aumentado con nuevos miembros, aunque también es posible que algunos nos hayan dejado. Es bueno recordar a todos en estos momentos.

También es tiempo de hacer balance y, en nuestro caso, el saldo es deudor hacia el Señor porque han sido tantas las Gracias que hemos recibido en este último año... De algunas de ellas os he hecho partícipes a través de este blog, de otras no puedo por pertenecer al ámbito de lo privado y algunas, muchas, no caben en este pequeño espacio o, simplemente, no las recuerdo ahora.

Para nosotros este año que se va empezó un poco antes con la alegre noticia del reconocimiento como nuevo Instituto Religioso de Vida Consagrada de Derecho Pontificio a Iesu Communio. Esto sucedía el 8 de diciembre de 2010, pero como la celebración solemne fue el 12 de febrero de 2011 en la Catedral de Burgos, lo contamos como parte de este año.

La Nochevieja anterior no la pasamos aquí, sino en Medjugorje. Ahora que ha pasado un año vienen a nuestra mente los recuerdos de aquellos cinco días. Fue un viaje estupendo, un reducido grupo de amigos entre aviones y furgonetas de alquiler. Pasamos frío, mucho frío, pero mereció la pena. Un auténtico regalo de la Madre para toda nuestra familia.

En marzo nuestra hija Rut daba el paso al Noviciado en Iesu Communio. Después de algo más de un año como postulante comenzaba su iniciación a la vida consagrada. Una bendición de Dios, sin duda, para ella y para toda nuestra casa.

A primeros de mayo era la beatificación del Papa Juan Pablo II y nos embarcamos (nunca mejor dicho) en una aventura poco apta para nuestras edades para estar presentes en la Plaza de San Pedro en tan importante acontecimiento para la Iglesia. De nuevo un pequeño grupo de amigos en furgonetas de alquiler y ferry. Con la gozosa compañía del obispo de San Sebastián durante la travesía por el Mediterráneo. Fueron tres días de hacer kilómetros, sin apenas dormir, pero mereció la pena. Un grandísimo regalo de Dios, poder vivirlo en directo y en comunión con toda la Iglesia.

En agosto volvimos a viajar a Medjugorje, de este viaje ya os he contado bastantes cosas en otros post. Y a la vuelta, la JMJ. El Papa venía a casa. ¡Cuánto bien ha hecho esta JMJ! Tuvimos el privilegio de ser voluntarios, perdiendo tiempo, horas de sueño y hasta algún dinerillo por el buen fin de este evento. Fué mucho más lo que recibimos que lo que perdimos.

En Octubre, de nuevo a Roma. Esta vez para acompañar a la Madre Verónica al Vaticano. Un viaje relámpago en el que compartir mucho con otros padres y familiares de las Hermanas. Toda una dicha de comunión eclesial, de comunión en Jesús.

Y entretanto, miles de bendiciones, siempre a través de la Iglesia. Y es en la Iglesia donde crecemos, afirmando nuestra fe sobre la roca que es Cristo. Porque este año nos ha enseñado la grandeza de esa Iglesia, con sus múltiples carismas, que está viva, que el Espíritu Santo sigue soplando fuerte en medio de ella. Que la mano del Creador no se ha secado y su corazón sigue irradiando Amor sin parar, que cada vez que caemos su Hijo está dispuesto a derramar hasta la última gota de su sangre para levantarnos. Y todo GRATIS, sin merecerlo.

Desde luego que ha sido un año muy feliz, estoy convencido de que el próximo será mucho mejor, porque Dios es fiel y "no abandona la obra de su mano" hasta "terminar lo comenzado".

Por eso también os deseo un ¡FELIZ AÑO NUEVO!

Que Dios os bendiga y la Virgen os abrace.

lunes, 21 de noviembre de 2011

La Presentación de la Santísima Virgen

En este día, en que se recuerda la dedicación, el año 543, de la iglesia de Santa María la Nueva, construida cerca del templo de Jerusalén. celebramos, junto con los cristianos de la Iglesia oriental, la "dedicación" que María hizo de sí misma a Dios, ya desde su infancia, movida por el Espíritu Santo, de cuya gracia estaba llena desde su concepción inmaculada.


Oficio de Lectura, 21 de Noviembre
La Presentación de la Santísima Virgen
Dio fe al mensaje divino y concibió por su fe
De los sermones de san Agustín, obispo (Sermón 25, 7-8: PL 46, 937-938)


Os pido que atendáis a lo que dijo Cristo, el Señor, extendiendo la mano sobre sus discípulos: Éstos son mi madre y mis hermanos. el que cumple la voluntad de mi Padre, que me ha enviado, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre. ¿Por ventura no cumplió la voluntad del Padre la Virgen María, ella, que dio fe al mensaje divino, que concibió por su fe, que fue elegida para que de ella naciera entre los hombres el que había de ser nuestra salvación, que fue creada por Cristo antes que Cristo fuera creado en ella?

Ciertamente, cumplió santa María, con toda perfección, la voluntad del Padre y, por esto, es más importante su condición de discípula de Cristo que la de madre de Cristo, es más dichosa por ser discípula de Cristo que por ser madre de Cristo. Por esto, María fue bienaventurada, porque, antes de dar a luz a su maestro, lo llevó en su seno.

Mira si no es tal como digo. Pasando el Señor, seguido de las multitudes y realizando milagros, dijo una mujer: Dichoso el vientre que te llevó. Y el Señor, para enseñarnos que no hay que buscar la felicidad en las realidades de orden material, ¿qué es lo que respondió?: Mejor, dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. De ahí que María es dichosa también porque escuchó la palabra de Dios y la cumplió; llevó en su seno el cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo. Cristo es la verdad, Cristo tuvo un cuerpo: en la mente de María estuvo Cristo, la verdad; en su seno estuvo Cristo hecho carne, un cuerpo. Y es más importante lo que está en la mente que lo que lleva en el seno.


María fue santa, María fue dichosa, pero más importante es la Iglesia que la misma Virgen María. ¿En qué sentido? En cuanto que María es parte de la Iglesia, un miembro santo, un miembro excelente, un miembro supereminente, pero un miembro de la totalidad del cuerpo. Ella es parte de la totalidad del cuerpo, y el cuerpo entero es más que uno de sus miembros. La cabeza de este cuerpo es el Señor, y el Cristo total lo constituyen la cabeza y el cuerpo. ¿Qué más diremos? Tenemos, en el cuerpo de la Iglesia, una cabeza divina, tenemos al mismo Dios por cabeza.

Por tanto, amadísimos hermanos, atended a vosotros mismos: también vosotros sois miembros de Cristo, cuerpo de Cristo. Así lo afirma el Señor, de manera equivalente, cuando dice: Estos son mi madre y mis hermanos. ¿Cómo seréis madre de Cristo? El que escucha y cumple la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre. Podemos entender lo que significa aquí el calificativo que nos da Cristo de "hermanos" y "hermanas": la herencia celestial es única, y, por tanto, Cristo, que siendo único no quiso estar solo, quiso que fuéramos herederos del Padre y coherederos suyos.

Oración
Te rogamos, Señor, que a cuantos hoy honramos la gloriosa memoria de la santísima Virgen María, nos concedas, por su intercesión, participar, como ella, de la plenitud de tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo.

sábado, 22 de octubre de 2011

Madre Verónica y Benedicto XVI

Ante las noticias aparecidas durante la última semana sobre el abrazo de Madre Verónica a Benedicto XVI, es bueno tirar de archivo fotográfico y hemeroteca para refrescar algunas memorias y evitar los comentarios precipitados y los juicios temerarios.

La primera vez que Madre Verónica estuvo con Benedicto XVI fue en abril de 2.010, en una audiencia en la Plaza de San Pedro.
En aquel momento Madre Verónica también tuvo un gesto espontáneo, de los que no se ensayan, sino que sale de lo más íntimo del ser. Madre Verónica se postró ante los pies del sucesor de Pedro y le besó los pies.
Esta imagen y este gesto no tuvieron la publicidad ni el derramamiento de tinta que ha tenido el reciente abrazo, sin embargo, es una preciosa fotografía que muestra muy bien el auténtico carisma de esta mujer y del nuevo Instituto Religioso.
Entonces eran aún Clarisas y el Vaticano estaba estudiando toda la documentación que habían presentado, a solicitud del Cardenal Rodé, para estudiar su nueva forma de vida.

En aquella misma audiencia Madre Verónica también saludó a Benedicto XVI con el clásico beso en el anillo del pescador.
En todo momento estuvo acompañada de su arzobispo, Don Francisco Gil Hellín, tal como se observa en las imágenes.
Todas estás imágenes son propiedad del archivo fotográfico vaticano y son públicas y pueden consultarse sin ningún coste en la página web www.photovat.com. No es complicado tener acceso a ellas.
Por todo ello, no es comprensible que escritores y periodistas llamados católicos intenten ensuciar el nombre de esta nueva congregación sin haberse informado previamente.

En el reciente encuentro del Papa con jóvenes religiosas en el Monasterio de El Escorial también hay una imagen muy representativa de la verdadera identidad de Iesu Communio. Se trata de la postración (otra vez) de la Hermana Getsemaní (novicia de Iesu Communio) a los pies del Santo Padre. Esta imagen tampoco ha aparecido en muchos medios de comunicación ni ha sido fuente de ningún tipo de comentario, pero creo que también es preciosa y muy esclarecedora.
Debo aclarar que la Hermana Getsemaní resultó elegida para ocupar este lugar como podría haberlo sido cualquier otra Hermana. Madre Verónica quiso acudir a aquel acto como una más, mezclada con sus Hijas, sin tener un lugar preferente. Por este motivo cedió el puesto que le habían adjudicado a ella para que lo ocupase una Hermana en representación de toda la Comunidad.
Una vez más la fotografía pertenece al archivo del Vaticano.
Por último está la reciente imagen del famoso abrazo de Madre Verónica al Papa Benedicto XVI el pasado sábado 15 de octubre de 2011.
Creo que ha quedado claro que no era la primera vez que se veían, como algunos han insistido en publicar en algunos medios.
Tuve el privilegio, como dije en mi anterior post, de estar allí presente y a nadie nos escandalizó el abrazo. El aplauso fue unánime de los más de ocho mil presentes en el aula Pablo VI.
El Centro de Televisión Vaticana (CTV) tiene colgado en su página web un vídeo del encuentro en el que puede verse la secuencia del abrazo. Es muy fácil leer en los labios la conversación que mantiene Madre Verónica con el Papa:
-¿Puedo darle un abrazo, Padre?
-¡Cómo no!

Personalmente me siento parte de ese abrazo. Yo también desee abrazar al Santo Padre en aquel momento. No pude hacerlo, pero sentí que los brazos de Madre Verónica eran los míos y que era yo quien besaba al sucesor de Pedro.

martes, 19 de julio de 2011

¡Esta es la juventud del papa!

¿Cuál es la edad de la juventud? Dependiendo de la edad que tengas ahora mismo, querido lector o lectora, tu respuesta a esta pregunta habrá sido distinta; pero estoy seguro de que habrás incluido tu edad actual dentro del margen que abarca para ti esa etapa de la vida.
¿Por qué? Porque nos han vendido la idea de que esa es la etapa perfecta de la vida. Recientemente he escuchado a D. Xavier Novell que esto no es verdad, que la plenitud de la vida se alcanza con la madurez y en la edad adulta, que la juventud sólo es un tránsito hacia la edad adulta, por lo tanto es una época imperfecta e incompleta.
En estos días, en casi todos los telediarios y en varias emisoras de radio se ha hablado de una mujer, Valeria, más conocida como Sor Teresita. Esta mujer tiene 103 años, casi 104, y ha pasado 84 de esos años en un convento de clausura en el alto Tajo. Pese a su edad, tiene la vitalidad propia de la juventud. Es como un auténtico torbellino de energía. Irradia felicidad por todos lados. Esta mujer que está ya en la recta final de su vida tiene mucha más "juventud" dentro de ella que muchos de los jóvenes que pueblan nuestras plazas y macrofiestas de fin de semana.
¿Cómo mide Dios la edad y el tiempo? No creo que sea capaz de explicarlo. Pero estoy seguro de que para él no hay edades ni tiempos como nosotros los conocemos. Se puede ser plenamente joven con 104 años y estar en la ancianidad con 16. Porque la medida de la Vida es la felicidad para la que hemos sido creados. Y esa felicidad se compra con Amor: dejándose amar y amando sin medida.
Hace unos meses en el locutorio de las Hermanas Iesu Communio estábamos muchos padres y familiares de ellas. Uno de los padres pidió que se pusieran en pie sólo las hermanas mayores (ver la tercera fila por arriba de la foto). Así lo hicieron y todos los presentes dimos un gran aplauso mientras cantábamos: ¡ESTA ES LA JUVENTUD DEL PAPA!
Y realmente lo sentíamos así porque son mujeres con muchos años pero desbordantes de juventud, de vitalidad, de felicidad, de ganas de Vivir, de Amar y ser amadas.
Se acerca la celebración de la JMJ MADRID 2011. Allí nos vemos todos los "jóvenes".

sábado, 16 de julio de 2011

Cuando conviven juntos el bien y el mal

Comentario al Evangelio
Domingo 16º del Tiempo ordinario. Mt 13, 24-43
17 de julio de 2011

            Seguimos de ambiente campestre y agrícola en la temática del Evangelio. Y se nos quiere ayudar a comprender desde las tres parábolas sobre el Reino, lo que podríamos denominar una "biografía religiosa" de cada hombre y cada pueblo.
                La primera de ellas nos pone ante una realidad dema­siado cotidiana que es fácilmente reconocible si nos observamos a nosotros mis­mos y a nuestro derre­dor. Junto a las semillas de gracia, de bondad y amor, de jus­ticia y paz, de li­bertad y verdad... hay otras semillas ex­trañas e incluso opuestas: violencia, egoísmo, frivolidad, maldad, injus­ticia, mentira y esclavitud...
                Podemos caer en la tentación de los criados de la parábola: arrancar las semillas de la malaventuranza in­feliz del enemigo Satán, para que sólo crezcan las de la bienaventuranza dichosa del amigo Dios. No siempre es fácil hacer una intervención tan drástica. En estos casos, que son los más frecuentes, el consejo del amo de la viña está lleno de inteligencia y sabiduría: al evitar un mal (la cizaña), no po­demos correr el riesgo evidente de ocasionar un mal mayor (quedarnos sin nada de trigo).
                ¡Qué difícil coexistencia la del trigo y la cizaña, la de la gracia y el pe­cado! Porque Dios trabaja incansablemente por nuestra felicidad, pero no es el único "obrero" en nuestro campo. Su Reino es de paz, de justicia, de amor, de misericordia y de per­dón, de fe y esperanza, de fidelidad y comunión..., que se ha plantado en un campo (nuestra vida y la del mundo) en el que hay otro que también planta y acrecienta su semilla: la guerra, la injusticia, el desamor, la dureza y el rencor, el descreimiento y la desesperanza, la infidelidad y la división.
                Los cristianos estamos en medio de un mundo en el que por doquier hay un enemigo que no ceja de sembrar su semilla aniquiladora de lo que Dios ha querido plan­tar. Por amor al trigo hay que saber convivir vigilantes con la cizaña: sin escandalizarse pero sin bajar la guardia, sin maldecir pero sin creer que todo da lo mismo. La confusión es uno de los males más frecuentes porque no permite advertir el error. La sana tolerancia no es sinónimo de indiferencia o ingenuidad, como si diera igual la luz y la tiniebla, la gracia y el pecado, el trigo y la cizaña. Saber distinguir unos y otros, conocer los riesgos que se corren y no claudicar en lo que Dios ha sembrado en nosotros y entre nosotros. Contamos con la ayuda de Dios y de su Espíritu que sostiene nuestra debilidad, y con la de la comunidad eclesial que nos acoge, discierne, educa y acompaña.
                El Señor os bendiga y os guarde.



@ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

sábado, 9 de julio de 2011

La semilla de Dios en mi libertad

Comentario al Evangelio
Domingo 15º del Tiempo ordinario. Mt 13,1-23
10 de julio de 2011

            Este domingo se nos habla de semillas, de lluvia que las riegan, de libertad que permite que sencillamente sean. Acaso para nuestra cultura tecnificada y asfáltica, puede que nos venga raro o lejano el discurso, pero vale la pena asomarse a él humildemente, como quien puede y quiere aprender algo que nos corresponde de veras. Cuando el hombre se abre al don de Dios manifestado en su Palabra, ceden las esclavitudes y saltan nuestras cadenas, y empezamos a ser en ver­dad hijos de Dios como nos dice la segunda lectura (Rom 8,18-23). No siempre la libertad del hombre está abierta al don de Dios, por eso existe un gemido, una tristeza, una frustración que nos vela la gloria para la cual hemos sido hechos.

                La Gracia de Dios es como la lluvia, nos dibuja bellamente Isaías en la primera lectura, pero si nuestros cauces de absorción están embotados, cerrados a cal y canto,  Él respetará delicadamente nuestra cerrazón y ni siquiera nos humedecerá el más grande de los torrentes, por más que Dios quiera empaparnos. Este es el plan de Dios, su proyecto y su deseo. Pero Él no lo impone, sino que lo propone, dejando la última palabra a nuestra libertad. Tremendo misterio y responsabilidad.

                Así se entiende esta parábola que Jesús mismo explica a sus discípulos. La semi­lla es la misma, pero los terrenos de acogida no. Y aquí está la cuestión, como plástica­mente va desgranando la parábola: no entender la Palabra de Dios porque no nos ha calado (la semilla que cae en el camino); no cuidar eso que se ha entendido ya pero que no nos ha llegado hasta el fondo de nuestro corazón (la que cae en terreno pedregoso); pretender escuchar al mismo tiempo a Dios y a otros que contra Él hablan, yéndonos al final tras los seductores de turno haciendo así estéril lo que el Señor sembró en noso­tros (lo sembrado entre zarzas).

                Pero también existe el terreno humilde, que acoge con sencillez, aunque sea lento e incluso torpe en asimilar. Importa menos la celeridad y la cantidad del fruto (unos dan ciento, otros sesenta, otros treinta por uno), lo único importante es haber acogido esa semilla de su Palabra y que nos fecundice. ¿No quiere Dios sembrarse en nosotros para en nosotros fructificar otra vez el don de la paz y de la gracia, el de la luz y la miseri­cordia, el del perdón y la alegría... todos esos frutos que nuestro amado mundo no con­sigue fabricarse y que sin embargo necesita más que nunca? ¡Qué hermosa es la vida de tanta gente sencilla que sin troníos ni alharacas se han dejado fecundar por Dios, por su lluvia y su semilla! El pueblo nuevo de Dios es un pueblo que huele a tierra mojada de la que nacerá en libertad ese mundo según el corazón de Dios. Basta no cerrarse. Basta creerlo, acogerlo y compartirlo. Ojalá tengamos oídos para oír, corazón para acoger y manos para compartir la semilla de cuanto Él hace y dice en nuestra pequeñez.


@ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

martes, 28 de junio de 2011

28 de junio. San Ireneo de Lyon.

Del oficio de lectura, 28 de junio, San Ireneo, Obispo y mártir
La gloria de Dios consiste en que el hombre viva,
y la vida del hombre consiste en la visión de Dios.
Del tratado de san Ireneo, obispo, contra las herejías Libro 4, 20,5-7

La claridad de Dios vivifica y, por tanto, los que ven a Dios reciben la vida. Por esto, aquel que supera nuestra capacidad, que es incomprensible, invisible, se hace visible y comprensible para los hombres, se adapta a su capacidad, para dar vida a los que lo perciben y lo ven. Vivir sin vida es algo imposible, y la subsistencia de esta vida proviene de la participación de Dios, que consiste en ver a Dios y gozar de su bondad.
Los hombres, pues, verán a Dios y vivirán, ya que esta visión los hará inmortales, al hacer que lleguen hasta la posesión de Dios. Esto, como dije antes, lo anunciaban ya los profetas de un modo velado, a saber, que verán a Dios los que son portadores de su Espíritu y esperan continuamente su venida. Como dice Moisés en el Deuteronomio: Aquel día veremos que puede Dios hablar a un hombre y seguir éste con vida.
Aquel que obra todo en todos es invisible e inefable en su ser y en su grandeza, con respecto a todos los seres creados por él, mas no por esto deja de ser conocido, porque todos sabemos, por medio de su Verbo, que es un solo Dios Padre, que lo abarca todo y que da el ser a todo; este conocimiento viene atestiguado por el evangelio, cuando dice: A Dios nadie lo ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.
Así, pues, el Hijo nos ha dado a conocer al Padre desde el principio, ya que desde el principio está con el Padre; él, en efecto, ha manifestado al género humano el sentido de las visiones proféticas, de la distribución de los diversos carismas, con sus ministerios, y en qué consiste la glorificación del Padre, y lo ha hecho de un modo consecuente y ordenado, a su debido tiempo y con provecho; porque donde hay orden allí hay armonía, y donde hay armonía allí todo sucede a su debido tiempo, y donde todo sucede a su debido tiempo allí hay provecho.
Por esto, el Verbo se ha constituido en distribuidor de la gracia del Padre en provecho de los hombres, en cuyo favor ha puesto por obra los inescrutables designios de Dios, mostrando a Dios a los hombres, presentando al hombre a Dios; salvaguardando la invisibilidad del Padre, para que el hombre tuviera siempre un concepto muy elevado de Dios y un objetivo hacia el cual tender, pero haciendo también visible a Dios para los hombres, realizando así los designios eternos del Padre, no fuera que el hombre, privado totalmente de Dios, dejara de existir porque la gloria de Dios consiste en que el hombre viva, y la vida del hombre consiste en la visión de Dios. En efecto, si la revelación de Dios a través de la creación es causa de vida para todos los seres que viven en la tierra, mucho más lo será la manifestación del Padre por medio del Verbo para los que ven a Dios.

viernes, 17 de junio de 2011

Jornada Pro Orantibus 2011

Lectio divina: un camino de luz
 Cada año, coincidiendo con la solemnidad de la Santísima Trinidad, celebramos en la Iglesia la Jornada "Pro Orantibus" (por los que oran), para dar gracias a Dios por el gran don de la Vida contemplativa y la presencia luminosa de los muchos monasterios que pueblan nuestra geografía. Los objetivos de la Jornada son fundamentalmente dos: agradecer y rezar.
 Monseñor Vicente Jiménez Zamora, obispo de Santander y presidente de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada ha reflexionado este año sobre la "Lectio divina" en el folleto que la Conferencia Episcopal ha elaborado para dicha jornada.
 Os adjunto los enlaces a dicho folleto:
Y también al cartel de la jornada:

lunes, 23 de mayo de 2011

La comunión para la Nueva Evangelización

Esta semana me ha llamado la atención el nombramiento de 10 consultores del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización. Tres de ellos son españoles: Kiko Argüello (Fundador del Camino Neocatecumenal), D. Julián Carrón (Presidente de Comunión y Liberación) y Monseñor Fernando Ocáriz (Vicario General del Opus Dei). Dos sacerdotes (uno de ellos obispo) y un laico.
Del resto, cinco son miembros del clero (tres sacerdotes y dos religiosas) y dos son laicos (dos mujeres). De estas dos mujeres, una es Chiara Amirante, fundadora de la Comunidad Nuevos Horizontes. Os pongo un enlace a su testimonio para que conozcáis quién es y su historia de conversión:
Os pongo también un enlace a la noticia del nombramiento para que podáis leer los nombres de los diez:
Lo importante, para mí, es ver la grandeza de la Iglesia y la sabiduría del Papa Benedicto XVI. Como veis hay sacerdotes, obispos, religiosas, seglares, hombres, mujeres. En fin, un pueblo, una gran familia que se llama Iglesia. Con distintos carismas, pero con un sólo Espíritu y unidos para un único fin: llevar el Amor de Dios al mundo entero.
Esta es la riqueza de la Iglesia: que somos un sólo cuerpo en el que cada miembro cumple con su misión pero a todos nos une la Comunión en Jesús.


domingo, 24 de abril de 2011

PASCUA FLORIDA


Pascua florida
Domingo de Resurrección
Carta semanal del Arzobispo de Oviedo  24.04.2011

Queridos hermanos y amigos: paz y bien.
Decimos de quienes se contrarían, que están malhumorados. Sí, que se les ha colado un mal humo en los adentros y les deja contrariados. Pero las cosas no tienen esas penurias ahumadas malamente, aunque la vida nos complique la andadura y nos haga fatigar y hasta afogarnos en las cuestas arriba, o nos precipite desbocados en las cuestas abajo. Hay un modo distinto de ver las cosas, que aunque éstas no cambien, son otras si las miramos asomados desde otros ojos.
A veces la vida huele a azahar y sabe como a tomillo, y la tierra te llena de frescor mañanero, tanto que parece recién bañada con matutino remojo. Y además, si se la sabe mirar, más aún, si se sabe amarla, ¡entonces qué fácil es descubrir su íntimo secreto que te llena de paz y alegría el alma!
La Pascua florida nos trae esa canción. No se trata de una poesía enajenante que nos saca del quicio y del huerto, que nos emboba distraídos para no afrontar las cosas como la vida requiere. Pero la Pascua florida tiene esa belleza siempre nueva, que se estrena en esperanza y que se brinda con sonrisas, no como si nada hubiese pasado o como si nada estuviese pasando, sino precisamente en medio de todo esto.
Hemos vuelto a guardar nuestros capisayos semanasanteros, y hemos regresado a nuestros habituales asuntos tras la tregua piadosa de los días más cristianos del año. Y no se trata de volver cansinos a la carga, al hoyo o al bollo de lo cotidiano con una mueca de derrota como quien debe reemprender lo propio con enfado.
La Pascua florida nos dice que hay algo que realmente vuelve a comenzar rompiendo el maleficio que nos hace rehenes tristes de una inercia difícil de cambiar. Los inviernos y sus inclemencias, esos fríos que congelan toda posible calidez, dejan paso inevitablemente a una primavera que de modo imparable nos explota fecunda la vida. Es lo que significa la palabra hebrea “pascua”, el paso, lo que acontece sin que nada ni nadie lo pueda detener. Dios pasa y pasea su vida habiendo vencido de mil modos la parada acorralante de la muerte. Esta es la Pascua que en este día vemos florecer, como se abre la flor en lo que fuera semilla, como se abre la flor en lo que luego será fruto también.
Nos llena de santa alegría esta esperanza cierta, una esperanza cumplida que una y otra vez se hace hueco en medio de nuestras cuitas, de nuestros desconciertos, de nuestros cansancios y nuestros miedos. Hay algo que se hace rebelde en nosotros por dentro, cuando una extraña y dulce fortaleza se resiste a que la vida se haga lenta, pesada, cansina y sin derrotero. Y esto es la exigencia de nuestro corazón que se hace demanda, se hace plegaria, se hace gracia en el encuentro. Sí, un encuentro entre mis preguntas más mías, y las respuestas del Señor que me las revela.
Pascua florida, regreso estrenador de la vida, donde nuestros sepulcros quedan vacíos y la muerte vencida. La luz se demostró más grande infinitamente que todas nuestras oscuridades juntas. La bondad se hizo hueco en medio de nuestras maldades. La gracia del Resucitado ha logrado hacer caducas a nuestras desgracias mortales. Y la vida misma, nos narra de tantos modos el regalo que Dios nos hace al abrazar nuestra realidad espesa y nuestra humanidad herida. Cristo ha vencido. Albricias es el canto. Nosotros los testigos y una alegría pascual nuestra seña y nuestro santo. Nos inunda a raudales la Santa Pascua florida. Felicidades.
Recibid mi afecto y mi bendición.
† Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo

domingo, 10 de abril de 2011

Raúl Berzosa: "Cristiano-obispo"

HOMILÍA DE MONS. RAÚL BERZOSA
Al Pueblo que peregrina en Ciudad Rodrigo

Queridos hermanos y hermanas, bienvenidos seáis todos: ¡Bendito sea Dios Padre que, en Cristo, por el Espíritu, nos ha enriquecido con toda clase de gracias y dones, sin mérito alguno de nuestra parte! No podían ser otras mis primeras palabras en esta Catedral. Para seguidamente añadir, con sinceridad: gracias, ante todo y sobre todo, a los fieles de Ciudad Rodrigo, por vuestra generosa acogida y por las muestras de afecto sincero y desbordante, recibidas durante estos meses, desde el día en el que os anunciaron mi nombramiento, y que de nuevo expresáis hoy y aquí con vuestra presencia.

Al recibir la invitación del Santo Padre Benedicto XVI a aceptar el ejercicio del ministerio episcopal en esta diócesis civitatense, una vez más escuché en mi interior el eco del comprometido mensaje del ya próximo beato Juan Pablo II, cuando en nuestra ordenación presbiteral, en Valencia, en el año 1982, manifestó: “sed sacerdotes de cuerpo entero y al servicio de la Iglesia universal; allí donde os necesite”. Con esta actitud he tratado de vivir hasta ahora y hoy me presento ante vosotros. Sí, deseo de corazón servir, en la verdad y en la caridad, a una Iglesia, pequeña en número de fieles, pero con gran tradición secular y pastoreada en las últimas décadas, con generosidad y acierto, por Don Antonio, Don Julián y Don Atilano. Gracias, especialmente, a D. Atilano por su buen hacer, por su amistad y por su acogida tan fraterna hacia mi persona desde el primer momento.

Pido a San Isidoro y a San Sebastián, nuestros patronos, que acierte a ser “obispo de todos, con todos y para todos”. Y, siempre, según el corazón, el modelo y las actitudes del Buen Pastor.

Un saludo agradecido y muy cordial, en Cristo, al querido Sr. Nuncio, Mons. Renzo Fratini, y a los señores arzobispos y obispos presentes; en especial a D. Carlos Osoro, anterior arzobispo de Oviedo, y a D. Jesús Sanz, actual arzobispo de Oviedo, que tan fraternalmente me acogieron. También a los hermanos obispos de la Provincia Eclesiástica de Oviedo; y a D. Ricardo Blázquez, Arzobispo de esta provincia eclesiástica de Valladolid, así como a los hermanos Obispos de la misma, con quienes renuevo ya, desde ahora, mi comunión episcopal, mi disponibilidad de colaboración y mi afecto sincero. Agradezco la cercanía y amistad de D. Carlos, obispo de Salamanca, con el que he venido trabajando más estrechamente estos años en la Junta Jurídica de la Conferencia Episcopal. Finalmente, permitidme un saludo episcopal al Sr. Arzobispo de Burgos, D. Francisco, y al de Palencia, Don Esteban a quienes me unen lazos de amistad y de vecindad. A los obispos de Portugal y de tierras extremeñas. Y a Don José Sánchez, que se quedará con nosotros como emérito, a quien admiro y con quien, ya siendo presbítero, tuve ocasión de colaborar en Medios de Comunicación Social.

Un saludo muy agradecido a mi familia: a mamá Carmina, a mi hermana -Madre Verónica-, a mis hermanos de sangre –Ramón, Fernando y Jesús-, a sus consortes e hijos, tíos y primos, y a mis amigos más cercanos a quienes debo lo mejor de mí mismo;

gracias a todos los que, como colaboradores, de cerca o de más lejos, el Señor de la Providencia os ha colocado tan cerca de mí durante tantos años. En estos momentos saludo especialmente a los llegados desde Asturias, Burgos y tierras palentinas, a los arandinos y cebolleros. ¡Gracias de corazón! ¡Dios os pague todo el bien que me hacéis!

Un saludo muy cercano al presbiterio de esta Diócesis, a los Vicarios de Castilla y de otros lugares, a los Vicarios de la Prelatura del Opus Dei en España, a los Diáconos y a los seminaristas mayores y menores, a los sacerdotes que trabajáis en otras diócesis españolas o estáis en las misiones: y a quienes la enfermedad os ha impedido vuestra presencia física hoy. Como hermanos sacerdotes, sois sin duda los más estrechos colaboradores del obispo. Espero mantener con vosotros, al menos, la misma relación que tuvisteis con mis predecesores, quienes en verdad me han dejado el listón muy alto. Gracias también a los presbíteros llegados de otras tierras.

Un saludo agradecido a todos los consagrados, de quienes valoro vuestra misión cotidiana en diversos y cualificados campos: desde la contemplación al compromiso caritativo, pasando por la enseñanza. Seguid siendo parábola de fraternidad, profecía de caridad y entrega sincera de amor a Jesucristo, a su Iglesia y a los más pobres.

Saludo extensivo a todas las asociaciones, hermandades, cofradías y movimientos laicales. ¡Cómo no recordar, también, a los DED de Ciudad Rodrigo, a los miembros de la Pastoral Juvenil y a tantos voluntarios que estáis preparando con mimo la participación en la Jornada Mundial de la Juventud! ¡Sois levadura y fermento de nueva evangelización!

Saludo a las familias, particularmente a las más afectadas por el paro y la crisis. ¡Seguiremos estando con vosotras de forma solidaria, cercana y comprometida!

Un recuerdo y una oración para los enfermos, mayores, impedidos y hospitalizados. ¡Estáis también aquí presentes!

Y también, cómo no, un reconocimiento a cuantos habéis preparado esta ceremonia: cabildo, colegio de consultores, curia, coral mirobrigense “Dámaso Ledesma”, y voluntarios.

Saludo a quienes estáis siguiendo esta celebración desde la radio o la televisión.
Y finalmente agradezco a las autoridades civiles, judiciales, militares y académicas, y del mundo de la comunicación social, vuestra presencia. Particularmente a D. Juan Vicente Herrera, Presidente de la Junta de Castilla y León, y a los alcaldes de Ciudad Rodrigo, Oviedo, Burgos, Aranda de Duero y Palenzuela. Seguiré trabajando con vosotros, desde la libertad religiosa y la laicidad positiva, en favor del bien común y del desarrollo integral de todos. La fe cristiana es una dimensión necesaria y sana para crecer y dar sentido y esperanza a las personas y a las comunidades.

Pido para todos que, incluso en esta hora de crisis global y profunda, podamos siempre discernir los nuevos signos de los tiempos y las nuevas oportunidades para anunciar a Jesucristo y su Buena Nueva con nuevo ardor, con nuevos lenguajes y con nuevas expresiones, en fidelidad a la Tradición viva de la Iglesia y con la Luz que el Espíritu sigue irradiando hoy. Os confieso mi decidido interés por el fomento de las vocaciones, por la defensa de la vida –desde su concepción hasta su muerte natural-; y por la formación cristiana en todas las edades, que conduzca a un compromiso coherente de vida.

He tenido ocasión de manifestar que esta Diócesis me es familiar y que, desde hace años, la he contemplado con simpatía y admiración. Primero, por mi condición de Secretario de “Iglesia en Castilla”, durante casi doce años, y por los encuentros mantenidos en ella, siempre de tan grato recuerdo. Y, segundo, por su memorial episcopal, del que destaco a Fray Alonso de Palenzuela (1460-1469), al arandino D. Bernardo Sandoval y Rojas (1586-1588), al también arandino D. Silverio Velasco (1924-1927), y al burgalés D. Demetrio Mansilla (1964-1988). Desearía, humildemente, no solo rendirles un merecido homenaje por los lazos comunes de ascendencia territorial, sino, sobre todo, seguir su ejemplo pastoral.
Elevo oraciones para que todos, laicos-consagrados-presbíteros, como una sola familia, acertemos a hacer realidad una Iglesia que es Misterio trinitario de comunión para la misión. Desde el Padre, Pueblo de Dios; desde el Hijo, Cuerpo de Cristo y, desde el Espíritu Santo, Templo Vivo de Dios. Traducida, como venimos subrayando en nuestra región, en hogar de comunión, escuela de aprendizaje mutuo, y creativo taller evangelizador.
Es la iglesia sinodal y evangelizadora tal y como supieron resumir los Santos Padres: “Nada sin el obispo; nada sin vuestro consejo; nada sin la voluntad decidida de ser y sentirnos todos la única Iglesia”.
Y San Ignacio de Antioquia, en su Carta a los Magnesios, nos recuerda: “Y así como el Señor nada hizo sin el Padre, siendo uno con Él, ni por sí mismo ni por los apóstoles: así vosotros nada hagáis sin el Obispo y los presbíteros”.
Sin duda, con estos profundos consejos, sabremos unir lo sectorial con lo territorial, potenciar la fraternidad sacerdotal y los equipos apostólicos, y desarrollar el trabajo parroquial cotidiano junto al de las Unidades Pastorales. Así contribuiremos todas las vocaciones, carismas, ministerios y movimientos a edificar la misma iglesia, esposa de Cristo, y a transparentar lo mejor y más preciado que hay en ella: la presencia viva y real, siempre joven, del mismo Jesucristo, nuestro Señor. Como lo ha expresado el Papa Benedicto XVI: “Quien se encuentra con Jesucristo no sólo no pierde nada, sino que gana todo”. Porque Él es la Verdad que ilumina nuestra mente, la Belleza que calma el corazón y la Bondad que hace buenas nuestras pobres obras.

Quisiera, además, rogar al Dueño de la mies que nos envíe nuevas y santas vocaciones, y que nos ayude a ensanchar como dos orillas: por un lado, y como venís trabando en el Objetivo Pastoral de este curso, la de ser buenos y generosos samaritanos, con los más necesitados; y, dentro de nuestra pobreza, continuar apostando por un compromiso real con quienes han olvidado su dignidad de Hijos de Dios y hasta, muchas veces, los motivos para vivir. Sin asustarnos por los siempre escasos recursos materiales y humanos de los que disponemos. Cáritas continuará siendo el órgano privilegiado para la articulación diocesana de la caridad, tanto asistencial como promocional.
Sin olvidar nuestro apoyo a Manos Unidas, vinculada tan estrechamente al ministerio apostólico, en su lucha contra el hambre de pan, contra el hambre de cultura y contra el hambre de Dios.

La segunda orilla es la del diálogo sincero con el arte y las nuevas tecnologías de comunicación y creatividad de hoy; en este sentido, deseo valorar expresamente lo que ya realizáis, como pioneros, en el campo religioso, audio-visual, cinematográfico y dramático y, a la vez, seguir ampliando nuevas y realistas iniciativas que en su momento tendremos ocasión de presentar y dialogar con los diversos Consejos Diocesanos. Ciudad Rodrigo, de tan bellos e históricos monumentos, no puede quedarse anclada solo en la nostalgia de un pasado.

En mi escudo episcopal, seguiré manteniendo las mismas palabras de San Ireneo: “Gloria Dei, homo vivens”. Sí; la gloria de Dios es que el hombre encuentre la Vida verdadera; y la felicidad del hombre es ver siempre a Dios. ¡Somos carne ungida por el Espíritu y nos espera, por adopción, lo mismo que aconteció en la naturaleza humana de Jesucristo! Esta es nuestra dignidad, nuestra vocación profunda y nuestra grandeza.

Nos lo ha recordado la primera lectura de este domingo quinto de Cuaresma, por boca del profeta Ezequiel: “Os infundiré mi Espíritu y viviréis; y os colocaré en vuestra tierra”. Y, también, hoy en la segunda lectura de la Carta a los Romanos se nos dice “que el Espíritu habita en nosotros. Y que quien no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Ese mismo Espíritu, que resucitó a Cristo de entre los muertos, vivifica nuestros cuerpos mortales”.

Y como Marta, en el Evangelio que acabamos de escuchar, decimos a Jesús: “Sí, Señor, nosotros creemos que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir para dar la Vida al mundo”. Por eso puedo gritar aquí y ahora: ¡Es tiempo de esperanza, de gracia, de seguir trabajando por lo que los últimos papas han llamado “la civilización del amor y de la vida”! Dicho de otro modo, volver a anunciar-servir-y celebrar el Evangelio de la Esperanza. Para hacer realidad una triple escuela: la de la santidad, la de la comunión y la de la evangelización.

El Espíritu suscitará hombres y mujeres nuevos para una Iglesia y una sociedad nuevas. También en esta tierra. ¡Sin miedos! ¡Testigos y comunidades llenas de Vida! ¡No es tiempo de palabras, sino de hechos!

Permitidme, para concluir, una oración, inspirada en algún escrito del sacerdote José Luis Martín Descalzo:
A la hora de mi llegada a Ciudad Rodrigo,
poned solo en mi nombre y apellido:
“Cristiano-obispo”.
Y nada más.
Porque jamás quiero ser otra cosa.
Ni mejor cosa.
Deseo que mis manos estén siempre libres
para consagrar, perdonar y bendecir.
Y que mis ojos permanezcan
bien abiertos, asombrados aún
de tanto amor como recibí sin merecerlo,
y de tanto amor recibido para repartirlo.
Perdonad cuando no sepa entregarme
como el pan de la Eucaristía.
Deseo ser para todos
vaso transparente y comunicante
de los dones y misterios de Dios.
¡Cuando fui otras cosas,
al final, me descubrí volviendo a ser
tan sólo existencia expropiada y
mendigo de Cristo!
¡Soy tan débil y quisiera llevar sobre
mis espaldas a tantas personas y familias necesitadas!
Porto carbones encendidos en mi boca
y no son mías las palabras.
Son palabras prestadas por el Espíritu Santo,
que caerán sembradas con suavidad en cada corazón
e iluminarán con Aquella Luz que sólo Dios enciende.
¡Cómo me envuelve el misterio!
Ahora sé bien que nada es sólo mío.
Que donde pongo pan o vino,
Palabra y sacramentos,
Alguien los convierte en su carne y sangre,
en su Vida y en su Palabra.
No soy sólo yo quien bendice
ni mi sola voz la que habla.
Espíritu Santo, que guías mis pasos
y que ahora me seguirás sosteniendo;
Espíritu Santo, que haces grande mi amor pequeño
y que alumbrarás mis pasos hasta el final,
déjame suplicarte:
“Continúa, río y fuerza de Dios Uni-Trino,
fecundando mis resecas orillas;
continúa sosteniendo mis tartamudeos
y mis dudas en la noche;
continúa floreciendo el pan entre mis dedos
hasta que un día duerman, por fin,
mis huesos en el seno Trinitario”.
Mientras, te lo ruego,
sigue hablando con mis pobres labios,
con mi voz a veces cansada,
con mi corazón desgastado,
y con mis brazos siempre abiertos.
Todo es tuyo; y, por ti y contigo,
de Cristo y de su Iglesia,
para el Padre de todos los dones
y para estas comunidades de hermanos
que Él, como Pastor, me va regalando.

“¡Ayudadme a ser buen pastor de todos! ¡Ayudadme a hacer presente el bello misterio de Jesucristo y de su Iglesia!”. Si alguna vez me encontráis más cansado o desanimado, pedid con mayor fuerza por mí y regaladme el don de vuestra vida cristiana coherente y entregada. En esta hora de tantas desafecciones para con la madre Iglesia, es oportuno recordar unas palabras de San Juan Crisóstomo: “¡No te separes de la Iglesia! Ningún poder tiene su fuerza. Tu esperanza es la Iglesia. Tu salvación es la Iglesia. Tu refugio es la Iglesia. Ella es más alta que el cielo y más grande que la tierra. No envejece jamás; su juventud es eterna” (Homilía de Capto Eutripio, 6; PG 52,402).

Ya desde ahora os encomiendo en la Eucaristía de cada día y pido al Espíritu Santo, que hará posible un vez más el milagro de convertir el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, me conceda luz y fuerza para saber gastarme con todo mi ser en el “martirio de la caridad episcopal”. Y que María, la Estrella de la Nueva Evangelización y Madre de los Pastores, bajo la advocación de Nuestra Señora de la Peña de Francia, interceda por todos nosotros. Amén.

 + Cecilio Raúl Berzosa Martínez, Obispo de Ciudad Rodrigo