lunes, 1 de abril de 2013

Langostinos y/o sopas de ajo

Hace bastante tiempo que no me pongo a escribir en mi blog y hoy, que he decidido hacerlo, me ha salido la vena culinaria y gastronómica.
Vaya por delante que tengo presente que la ironía escrita es muy difícil de entender e interpretar debidamente, aún así no me he podido resistir.
Seguramente habéis visto el anuncio televisivo del nuevo TOYOTA AURIS en el que un anciano líder amedrenta a las masas diciéndoles que tienen que tener una llama como mascota o conducir un ridículo utilitario. Hasta que entre la masa alguien hace una pregunta: ¿Por qué? Y esta pregunta lo cambia todo.
Reconozco que existen algunos locales muy exclusivos y especializados donde cocinan como nadie un plato concreto y que son la delicia de cuantos acuden a ellos. Recuerdo una curiosa anécdota que me ocurrió en uno de estos restaurantes al que acudí dispuesto a degustar el mejor lechazo asado de los alrededores. Ocupamos una mesa muy coqueta y una señora muy amable se acercó a tomarnos nota con una pregunta: ¿Con qué lo quieren? Nuestra respuesta fue un nuevo interrogante: ¿el qué? La señora nos explicó que en aquel lugar sólo se servía lechazo asado, con patatas fritas o con ensalada (de lechuga y cebolla), pan y buen vino. Ante esta explicación mi "santa" decidió que nos teníamos que ir a otro lugar porque a ella no le gusta el cordero. El local perdió dos clientes ese día y yo tuve que cambiar el mejor lechazo de la zona por otro que también estaba muy bueno y que nos sirvieron en el local de al lado en el que sí había otras viandas al gusto de mi "santa".
No creo que aquel local haya tenido que cerrar, ni mucho menos, porque a mi "santa" no le guste el cordero. Creo que sobrevive, a pesar de ello, y bastante bien. Debo añadir que el breve trato que tuvieron con nosotros fue excelente.
Pero hoy no quería hablar de cordero asado, aunque sea Pascua, sino de los langostinos y de las sopas de ajo. Aunque la anécdota anterior creo que está bien traída para introducir una conversación que he tenido hace poco.
Se me ha diagnosticado un extraño mal gastronómico: "Has dejado de comer langostinos para comer sopas de ajo". Y a esto se ha añadido una sentencia: "No creo que dures más de cinco años".
Y yo me he acordado de mi tío Eustaquio que es el hermano mayor de mi madre y que ya ha cumplido el siglo. Recuerdo que muchas noches en su cocina de leña preparaba su puchero en el que vertía un poco de agua sobre el sofrito de ajos, trozos de jamón y pan, añadiendo un poco de pimentón y luego escalfaba un huevo.

Esa era su cena de muchas noches: unas suculentas y sencillas sopas de ajo. Y no le ha ido nada mal, porque aún sobrevive al paso del tiempo.
A mis interlocutores en aquella conversación no les expliqué esto de mi tío.
No entiendo bien su obsesión por los langostinos. Es cierto que hemos compartido mantel durante muchos años, pero yo no he sido consciente de estar comiendo langostinos. Es más creo que alguno de los langostinos no era de la Bahía de Huelva, precisamente, porque estaba un poco blando y costaba quitarle la cáscara. Puede que por la mesa también hayan pasado gambas, incluso cigalas, o tal vez langostas, otras veces han sido pequeños camarones. Por ello no comprendo la obsesión por creer que todo lo que se sirve en esa mesa son langostinos.

Parece que a mis antiguos compañeros de mesa no les ha gustado que me haya levantado de la mesa y me haya dado una vuelta por el restaurante, que por cierto tiene una carta muy amplia y toda ella excelente, lo cual no me extraña porque el cocinero conoce el oficio desde la eternidad.
Hay platos que necesitan más de las buenas manos del cocinero que otros. Los langostinos dependen muchísimo de la materia prima. Sin embargo las sopas de ajo tienen algo más de elaboración y toque por parte de la cocina.
Al diagnosticarme un mal con un plazo fijo, a cinco años, les he pedido que no miren a tan largo plazo, sino que pidan al cocinero que me admita en su casa hoy, porque yo soy débil y no merezco entrar ni uno sólo de los días.
Espero que sigamos coincidiendo muchos días, con permiso del cocinero, en este restaurante, aunque nos sentemos en mesas distintas. Lo importante no es la mesa, sino degustar lo que el cocinero prepara. Y, cuando tengáis un rato, pedid la carta, de verdad que es variada y exquisita.

2 comentarios:

  1. Aleluya, el Señor resucitó!!!

    Muy Feliz Pascua de Resurreccíon!!!!

    Qué interesante tu entrada de hoy!!!!

    Un abrazo en la distancia!!!!

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  2. Se te lee bien. No tardes tanto que nos preocupas. Me alegro de leerte

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